“A veces un párrafo puede cambiarlo todo”, dice Wilson Moreno, un autor con convicción.

0 19

Cuando estamos delante de un escritor comprometido con los problemas de su tiempo y es capaz de contribuir en la reconstrucción de los valores morales de una sociedad, estamos hablando de un humanista. Un hombre que no se conforma con el accionar político de nuestros pueblos y deja de ser un testigo mudo para interpretar el peso de una realidad insospechada. WILSON MORENO PALACIOS es un narrador Colombiano radicado en Francia, el cual recoge los sentimientos de su comunidad con el propósito de hacer hincapié en las falencias sociales con un tinte bastante crítico. En esta ocasión gracias a su enorme sensibilidad y apego a las mayorías, Wilson nos presenta la novela: “LE VALGO MUCHO MAS A MI HIJO MUERTA QUE VIVA”. El Diario La Patria.pe fue a su encuentro y nos concedió la siguiente entrevista:

1. ¿Entre el realismo amplio que maneja un escritor y el simbolismo que le asiste durante el proceso creativo, cuántas barreras hay que saltar para que aflore aquello que el autor quiere decir?

Gracias por esa interesante pregunta. Se me viene a la mente un par de cuadros: Guernica de Pablo Picasso y el Tres de Mayo de Goya. El primero simbólico y el segundo realista, pero ambos describen la realidad de su tiempo. También soy maestro, profesor de idiomas y de español y literatura. Y Guernica es quizá el cuadro que más haya trabajado con mis estudiantes. Todavía me pregunto en qué estado estaba Picasso cuando plasmó los horrores de la guerra en una pintura. Y he puesto de epígrafe en una de mis novelas esa frase de Picasso: “No, el Guernica no es una pintura para decorar las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo”. Dicho esto, puedo reconocer que “Le valgo mucho más a mi hijo muerta que viva” fue un libro muy difícil de escribir. Es una novela corta de menos de cien páginas. Sin embargo, es muy densa. Me tocó jugar con la realidad y la ficción, incluso para mí mismo. No deseaba escribir un libro de filosofía. Pero sí quería apoyarme en dos grandes intelectuales, de momento, Heidegger y Foucault. Recordé a Gabriel García Márquez en Crónicas de una muerte anunciada y me hice las mismas preguntas, pero desde la primera página. El lector sabe desde las primeras líneas que mi personaje principal habla de suicidio y que lo hará. Lo interesante para mí era ver las razones que la condujeron a hacer tal acto. Y para saberlo el lector debe leer toda la novela. Pensé en el lector que va a la última página para ver la respuesta antes de leer el libro y le inventé otra historia paralela. Una clase de herramienta literaria de la que hablaba Gabo. Hay varios niveles de lectura y diferentes tiempos de narración. Finalmente, debo confesar que durante la primera parte del proceso de escritura de este libro no pude pegar ojo varias noches. Y estuve a punto de parar todo, porque sabía que no era ficción y temía que en algún momento el verdadero hijo de la protagonista supiera de la existencia de mi obra.

2. ¿Cuáles fueron las motivaciones específicas del título, que a primera vista se lee como una sentencia de muerte? ¿Y qué verdad pugna por salir?

Todo parte de una historia real, de la cual no daré muchos detalles por razones obvias. Sin embargo, puedo decir que como padre me vi en la posición de ese personaje femenino de la novela. Esa mujer dispuesta a todo por el amor de su hijo y la larga carta que le escribió a su futuro heredero explicándole las razones de su acto. Y me decidí por el título al terminar la escritura de la novela. A veces un párrafo o una simple frase pueden cambiar todo.

3. ¿Qué emociones pretendes movilizar en el lector?

Una parte de la sinopsis resume perfectamente mi pensamiento y mis intenciones: (La suciedad moderna, denunciada por la narradora, y la sociedad descrita por Heidegger y Foucault se cruzan en un relato humanista en el que el peor animal es, una vez más, el hombre, cualquiera que sea su circunstancia. Como cierto autor dijo atinadamente de su novela, “esta no es una historia verdadera, pero ocurre todos los días”). Además, pensé en la imagen de una paleta de emociones. Deseaba que el lector pudiera ponerse en la piel de la protagonista y descubriera: momentos de tristezas, de alegrías, de melancolía, de diversión, etc. Incluso hay un capítulo de fútbol, donde se mezcla la historia con una filosofía de vida.

4. ¿Qué es lo que le duele al autor desde su perspectiva generacional en el ejercicio de la literatura, y qué significativo pretende legar a la sociedad en cada una de sus obras?

Siempre he intentado despertar conciencias. Pero también que veamos la evolución de la humanidad e interrogarnos sobre nuestro papel como individuos cambiantes en una sociedad. Hay una máxima de Mark Twain que sigue de actualidad: “Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada”.

5. ¿Qué clase de temáticas profundas te arropan, qué géneros de comportamiento social te extienden la invitación?

El ser humano en todas sus manifestaciones es mi objeto de estudio. Y mi visión amplia del mundo, donde la igualdad no puede seguir siendo una utopía, me motiva a describir la sociedad en la cual vivimos, mostrar nuestros errores como humanos imperfectos para intentar corregirlos. He tocado muchos temas: homosexualidad, violencia de género, dictaduras, alquiler de vientres, cáncer de mama, eutanasia, suicidio, prostitución, política o, incluso, la misma religión.

6. ¿Cuánto de tu condición de latinoamericano y en específico Colombiano influye en tu visión de escritor residiendo en Francia?

El proceso de migración tiene su lado positivo. De hecho, esto es algo inherente del ser. Todo el tiempo estamos en constante movimiento, ya sea como emigrantes o inmigrantes. Y, obviamente, en todas mis novelas el lector está invitado a viajar conmigo. Soy incapaz de tener un solo escenario y quedarme ahí. Me defino como un nómada sedentario. Por ejemplo, mi más reciente novela empieza en Chile, pero recorremos Colombia, Francia y muchos otros lugares. Me encanta entrelazar historias, como un libro dentro del libro, pero siguiendo un hilo conductor.

7. ¿En Europa existe mayor acogida a la literatura contemporánea? ¿Cómo defiendes tu rol de escritor en un país de lengua francesa?

Europa sigue siendo el Viejo Continente. Ellos tienen aquí lo que nos hace falta en nuestros países latinoamericanos: muchas personas que lean realmente. Aquí se lee de todo: la literatura clásica y la contemporánea.

8. ¿De tu fecunda trayectoria literaria qué extraerías como un valioso consejo para los nuevos valores de la escritura aun en formación?

Así suene a frase de cajón: hay que leer de todo, lo que te guste, pero leer. Hace más de treinta años tenía dificultad con la lectura de mi segundo libro de cabecera: El extranjero, de Albert Camus. Le pregunté a mi maestro por el número de páginas y al escuchar su respuesta quedé sin voz: “¡80 páginas en esta versión, me demoraré toda la vida, profe!”. Hoy he escrito miles y no me arrepiento de haber entrado en este difícil pero maravilloso mundo de las letras.

9. Finalmente, cuáles serían tus palabras para con tus seguidores que consumen tu literatura.

Mil gracias, una vez más. Ustedes son mi razón de escribir. Una pequeña anécdota en Colombia, en mi terruño. Una señora me agradeció, yo le respondí que yo le quedaba más agradecido por leerme. “No, yo le doy las gracias porque, por vez primera, soy capaz de ir hasta el final de una novela, me la leí toda, mi primer libro”.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.