Otorongo no come otorongo

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Este año se ha caracterizado por tener un crecimiento económico muy por debajo al que estábamos acostumbrados. Las últimas proyecciones de los analistas indican que en 2014 la economía crecerá alrededor de 3% debido, entre otras cosas, a la caída en los precios de los metales, la disminución en la inversión pública y privada y la menor producción minera. Pese a esto, los mismos analistas consideran que en 2015 el Perú puede alcanzar una tasa de crecimiento de 5% e incluso regresar a un ritmo de 6% anual a partir de 2016. Sin embargo, creo que existe un factor de riesgo en juego que no ha sido reconocido y que va a modificar estos números: la propuesta de no reelección de congresistas, autoridades regionales y locales.

El oficialismo viene planteando esta idea de la no reelección bajo el discurso de mejorar la democracia, fomentar el trabajo político entre los más jóvenes y evitar las mañoserías que las autoridades “vitalicias” realizan. Algunos congresistas parecen pensar que con esta medida van a lograr dar un vuelco total en la actual reputación del gobierno y las autoridades regionales y locales; no obstante, ¿es ésta la medida adecuada para mejorar la credibilidad y predictibilidad del Estado? Veamos el ejemplo de Estados Unidos, donde la reelección es permitida para los miembros de la Cámara de Representantes, el Senado y las alcaldías locales. Allí destaca lo ocurrido con John D. Dingell, quien en 1955 fue elegido por primera vez para la Cámara de Representantes y recién este año decidió retirarse de la política. Otro claro caso es el del recientemente fallecido alcalde de Boston, Thomas Menino, quien fue elegido en 1993 y permaneció en su cargo hasta el presente año.

El 2015 es un año pre-electoral y las expectativas juegan un rol muy importante en el crecimiento de la inversión y la producción nacional. Y estas expectativas, a su vez, son muy sensibles a los posibles cambios políticos que se vislumbren en los siguientes meses y años. Hay que recordar, por ejemplo, que la BVL cayó 5% a fines de marzo de 2011, después que Ollanta Humala se consolidara en el primer puesto de las intenciones de voto. En vista de la expectativa de una victoria humalista (y ante lo que su plan de gobierno de ese entonces involucraba), en aquella oportunidad los inversionistas prefirieron vender sus papeles y esperar los resultados oficiales que configurarían una eventual segunda vuelta. Lo mismo ocurrió inmediatamente después de la segunda vuelta, cuando la BVL cayó más de 12% en respuesta a la victoria del actual presidente.

Como se puede apreciar, es de esperarse que el próximo año la incertidumbre electoral ponga cierto freno a la economía, por lo que mandarse con una propuesta que sólo agrava dicho problema no es precisamente la mejor manera con la que el Congreso puede contribuir a alcanzar un crecimiento de 5%.

El principal problema de nuestras autoridades legislativas, regionales y locales, en mi opinión, es la ineficiencia: la demora del Congreso para aprobar los paquetes reactivadores del MEF y la falta de gestión para ejecutar el 100% del presupuesto han sido factores detrás de la insuficiencia del impulso fiscal que el gobierno ha tratado de implementar en respuesta a la desaceleración. Esto responde en parte a la falta de formación de nuestras autoridades. Hoy en día para ser congresista, presidente regional o alcalde, no hace falta acreditar ningún tipo de educación. En vez de prohibir la reelección, ¿por qué no exigirles un título universitario o, al menos, haber terminado la secundaria? Con eso nos aseguraríamos que al menos tengan cierto grado de educación para poder velar por el bienestar del país. Pero algo así está lejos de suceder porque, como reza el dicho, “otorongo no come otorongo”.