Richard Thaler y el auge de la Economía Conductual, por Marco Carrasco

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Hace ya más de una semana, los avances de Perú en su clasificación al mundial trajeron consigo muchas sensaciones al peruano de a pie. Vimos a la gente reír y llorar, fuimos consientes del desborde de nuestras emociones y sentimientos. Experimentamos algo tan natural y “tan humano”, que al lector le sorprenderá saber que, por mucho tiempo, estas sensaciones tan naturales y humanas no eran del todo consideradas ni estudiadas a profundidad dentro la disciplina que tiene como eje el estudio de nuestra toma de decisiones: la economía.

No obstante, en los últimos años las cosas han empezado a cambiar, especialmente con el advenimiento de una disciplina llamada “Behavioral Economics” (traducida al español comúnmente como economía conductual o economía del comportamiento), la cual ha tenido un lento pero sostenido aumento de uso y popularidad en los últimos años, algo que ha cobrado mayor notoriedad entre los círculos de economistas con la reciente entrega del Premio de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel 2017 a uno de sus principales figuras, el economista conductual y profesor de la Universidad de Chicago: Richard Thaler.

El mérito de Thaler, y por extensión de los economistas conductuales, es haber incorporado varios principios de la psicología en el análisis económico, logrando así una mejor comprensión de la toma de decisiones de los agentes económicos, otrora vistos agentes meramente racionales y optimizadores. Esta importante construcción de puentes entre la economía y la psicología ha tomado en cuenta factores psicológicos tales como: nuestra racionalidad limitada, nuestras preferencias sociales, y nuestra falta de auto control.

En el marco de la racionalidad limitada, Thaler desarrolló la teoría de la “contabilidad mental”, que indica que las personas simplifican sus decisiones financieras a través de la creación de “cuentas mentales” diferentes para cada tipo de gasto. Esta noción sirve para explicar como muchas veces podemos endeudarnos para determinados gastos, manteniendo intacto el dinero que mentalmente hemos destinado a nuestras otros que podrían considerarse incluso superfluos. En esta línea, Thaler ha desarrollado también varios estudios sobre el “efecto dotación”, hipótesis que sugiere que solemos asignar un mayor valor a los objetos por el mero hecho de ser de nuestra posesión

En lo concerniente a las preferencias sociales, las investigaciones de Richard Thaler sobre el valor de la justicia en la toma de decisiones han sido muy importantes. La preocupación por la “justicia” y “equidad” por parte de los consumidores es incluso capaz de detener el aumento de precios de bienes en periodos de alta demanda. Un clásico ejemplo de esto es el de una inesperada lluvia que genera una inesperada alza de demanda de paraguas. Dado esto, los vendedores de paraguas podrían aumentar los precios, sin embargo, en varios contextos similares se ha visto que el aumento de precios en una situación donde los consumidores esperan cierta “justicia” y “consideración” dado lo inesperado del evento, podría llevar a que estos penalicen y boicoteen a los vendedores, no adquiriendo el producto que buscan. Experimentos a gran escala realizados por Thaler y otros economistas conductuales, han incluso demostrado que los consumidores serían capaces de aceptar cierto nivel de desutilidad con tal de mantener su penalidad al vendedor (o empresa) que perciban aumenta sus precios de forma injusta.

Finalmente, los aportes de Thaler han contribuido también en demostrar nuestra gran falta de autocontrol. A partir de nociones de la psicología y neurociencias, Thaler sugirió analizar el problema de la falta de autocontrol a través de un modelo del “planeador-hacedor”. Este modelo ha servido para explicar como muchas veces nuestras tentaciones de corto plazo, como un viaje innecesario, una compra compulsiva, o incluso el inicio de una adicción, suelen vencer nuestras metas racionales de largo plazo de ahorrar y mejorar nuestro estilo de vida. Es decir, nuestro yo-hacedor (algo irracional, cortoplacista) suele superar muchas veces a nuestro yo-planeador (racional, de largo plazo).

En base a la evidencia recolectada, Thaler escribió junto con su colega Cass Sunstein el libro “Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happiness” (2008), donde desarrolló varios conceptos que fueron claves en el desarrollo de la administración de Obama en EE.UU. y de Cameron en Reino Unido. En base a la evidencia generada por la economía conductual, Thaler popularizó el uso del “Nudge”, un estilo sutil de política que usa reforzamientos positivos para alentar a las personas a tomar decisiones más cercanas al interés de su yo-planeador, sin ser coerciva y preservando siempre la libertad de elección. Hoy en día varios de los aportes de Thaler han llevado a que conceptos como la “arquitectura de elecciones” y el “paternalismo libertario” estén sobre la mesa y abiertos a debates. A la vez que, cada año, más y más “Nudge Units” y/o similares (otrora solo presentes en Estados Unidos y Europa) vengan creándose en diversos países del mundo, incluyendo el Perú (donde iniciativas públicas como el “MineduLab” y el “Ayni Lab Social”, y no gubernamentales como “PsychoLAWgy” o “BEST: Behavioral Economics & Data Science Team” -de la que formo parte-, han venido desarrollándose rápidamente).

En lo personal, recuerdo que cuando viajé a estudiar mi Máster para especializarme en Economía Conductual, las nociones en Perú sobre esta materia eran casi nulas. Hoy, tan solo algunos años después, el panorama ha cambiado bastante y para bien. El acercamiento de la Psicología a la Economía no solo ha vuelto a esta última más certera en cuento a su comprensión de nuestra toma de decisiones, sino que ha vuelto a nuestra Economía una más real, más psicológica, y por sobre todas las cosas: más humana.

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