Editorial: Ciego, sordo, mudo

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El incendio ocurrido en una galería de Las Malvinas ha demostrado, una vez más, lo precario de nuestro desarrollo económico, las terribles circunstancias en las que aún laboran muchos de nuestros compatriotas (comparable, en muchos casos, con la esclavitud), y sobre todo, la negligencia con la que aún operan nuestros empresarios y autoridades. Este dantesco incendio, si de algo bueno puede servir, es para hacernos ver como país en donde debemos poner el ojo: nuestra informalidad. Ese dinosaurio en el cuarto que nadie quiere ver y combatir.

Combatir la informalidad laboral y comercial, y todos los problemas que conllevan, no es una tarea sencilla, ni mucho menor. Pero requiere de un ingrediente fundamental: convicción política y liderazgo. Sin embargo, este es un elemento que no hemos visto, hasta ahora,  en la gestión del alcalde de Lima Luis Castañeda. Una de las principales autoridades responsables de que este siniestro se haya materializado. Salvo, claro, por las felicitaciones que recibiera este del congresista Bienvenido Ramírez durante su presentación en el Congreso. Con eso tenemos todas las respuestas.

Si bien la informalidad tiene muchas formas, una laboral, una económica y otra cultural, existe una arista importante de prevención, quizá la más importante para evitar tragedias, que es una tarea exclusivamente municipal. No obstante, nuestro alcalde, a su buen estilo de mudo, ahora parece también querer hacerse el ciego y el sordo. Ciego porque no quiere ver lo evidente, y sordo porque no escucha a la opinión pública.

Castañeda, comenzó echándole la pelota a todos menos a su gestión. Que ellos cerraron dos veces la galería, pero que los comerciantes volvían a entrar. Que ellos no tienen la posibilidad de cambiar la regulación en esta materia. Incluso se escudaron en que los contenedores estaban allí desde la gestión de Susana Villarán. Lo cierto, sin embargo, es que el mismo día del incendio, el alcalde estaba de licencia, la galería operando y la tragedia los agarró desprevenidos.

Y como esto, en todo lo demás. No hay un mea culpa. El mea culpa es siempre “de todos” como dijo el alcalde. El puente no se cayó, se desplomó. No son gritas, son fisuras. Siempre hay una forma de maquillar las cosas. ¿Por qué el alcalde no fue más sincero, como sí lo fue el ministro de trabajo, y dijo que simplemente no se pueden dar abasto para realizar una mejor gestión? ¿Por qué las excusas permanentes? ¿Por qué tomarnos el pelo a los ciudadanos?

Es lamentable que un alcalde que empezó su gestión con tan alta popularidad, no haya tenido una sola obra de relevancia en casi cuatro años de mandato. Ninguna reforma trascendental. Cuatro años después el transporte en Lima es cada día peor. Los ambulantes y la informalidad han vuelto a campear en el centro. Los incendios, por falta de prevención, se han multiplicado. El metropolitano sigue siendo el mismo mal servicio que siempre fue para una ciudad de más de 12 millones de personas. Y el alcalde delega su responsabilidad en sus allegados y no asume su liderazgo. ¿Para eso buscó un tercer periodo señor alcalde? ¿Para solo maquillar y volver a pintar los parques que construyó hace diez años? ¿Para opacar todo lo bueno que pudieron tener sus gestiones anteriores?

“Ciega, sorda, muda, torpe, traste y testaruda, es todo lo que he sido”, dice la famosa canción de Shakira. Y, hoy más que nunca, parece haber sido escrita para nuestro querido alcalde Castañeda, de quien los ciudadanos de Lima esperamos ver a alguien que, por fin, pueda tomar el toro por las astas en lugar de excusarse constantemente por sus errores.