Editorial: El enemigo de mi enemigo

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En política es normal que las circunstancias hagan que posiciones previamente planteadas se vean alteradas, ya sea porque la realidad política ha cambiado o porque se adivina cierta conveniencia en hacerlo. Lo grave, sin embargo, es cuando el cambio de posición entraña, a su vez, un abandono de principios antes profesados y se hace peor cuando esto solo se hace en aras de sostener un intento de perjudicar a tu rival. Eso es lo que está sucediendo hoy en día dentro de la bancada de Fuerza Popular, donde, a pesar de las evidencias de irregularidades en la conducta del contralor Edgar Alarcón, han optado por obviarlas, prefiriendo concentrarse en la tesis de que el ejecutivo está detrás de las revelaciones, obviando, hasta cierto punto, la magnitud de lo revelado.

Es cierto que el momento en el que se hacen las revelaciones con respecto al contralor se presta para asumir cierta participación del gobierno en las mismas y si ello es verdad, sin duda, podría ser algo cuestionable. Pero la realidad es que, ampararse en esa posibilidad hipotética para ignorar lo que fehacientemente muestran las evidencias, es harto peor.

Y las evidencias de irregularidades, sobran. Bastaría, para el propósito de demostrar lo grave de la conducta del contralor, citar el audio donde se le escucha, cuando era vice contralor, decirle a uno de sus subalternos que se abstenga de denunciarlo. Pero información que se ha conocido sobre la denuncia per se ha encendido aún más alarmas. La denuncia indica, por ejemplo, que el contralor habría participado en la compra y venta de vehículos sin declararlo y, peor aún, estando impedido legalmente, por la naturaleza de su cargo, de llevar a cabo estos negocios.

Se esperaría que, ante esto, aunque sea, algunos parlamentarios hayan tomado una posición neutral, en el sentido de que prefieren esperar los resultados de una investigación. Pero desde Fuerza Popular las reacciones han sido distintas, dejando de lado la gravedad del asunto. “¡Qué raro que justamente después de que se cayó el negociazo de Chinchero salgan a la luz todos estos cuestionamientos!”, ha dicho Héctor Becerril. “Es una evidencia lamentable de cómo el gobierno mueve un par de programas de TV para meter el tema del contralor nuevamente”, ha dicho Luis Galarreta. “Ahora empiezan a levantar este tipo de acusaciones porque, al parecer, ellos querían un contralor a su medida”, ha dicho Cecilia Chacón.

Quizá cualquier líder, en efecto, podría soñar con un contralor “a su medida”, sin embargo, todos los ciudadanos pueden coincidir en que no es positivo tener un contralor que no se ha mostrado ajeno a prácticas cuestionables y que, cuando menos, merece ser investigado por todo lo que se le imputa. La actitud de Fuerza Popular, más bien, sugiere cierta flexibilidad ante los graves cuestionamientos de corrupción, posición contradictoria con la acuciosidad que amenazaron iban a tener ante cualquier caso de este talente cuando estaban en campaña. Y la razón de esta indulgencia parece sustentarse en la inquina que esta bancada aún le reserva al ejecutivo y al encontraren el contraor, por sus acciones con respecto al caso Chinchero, un aliado importante para importunar al rival.

Así las cosas, el mantra que parece actualmente marcar la actitud de Fuerza Popular es “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” y, ciertamente, esta “amistad” parece bloquearlos de mostrarse fiscalizadores ante un caso que merece lo contrario. Solo habrá que esperar que todos los líderes políticos tengan en cuenta el país antes que cualquier vendetta política.