Editorial: En marcha

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Una de las cualidades más resaltantes de una democracia saludable es que los ciudadanos puedan manifestarse de forma pacífica para procurar un resultado político en particular. Este puede ser combatir una pieza de legislación o, como sucederá el día de hoy con la marcha por el orgullo LGTB, para luchar por el reconocimiento pleno de los derechos para un grupo minoritario de la población. El solo hecho de que este evento se pueda llevar a cabo y la posibilidad de que aglomere a una multitud considerable de individuos, es un síntoma del cambio de mentalidad que hoy, en nuestro país, está en marcha.

Y es que si a algo está llevando la evolución de la sociedad occidental en su conjunto, no es a una utopía igualitaria, como podrían querer algunos, es a una realidad donde, tras el reconocimiento de las diferencias que definen a cada individuo, se dan las condiciones para que cada quien puede buscar su desarrollo a su manera y respondiendo a su propia naturaleza, sin que el Estado imponga nada en ese sentido. En el caso de la comunidad LGTB, su lucha, más que una gesta rebelde contra el statu quo, es un esfuerzo por permitir el ejercicio pleno de la libertad de todos los ciudadanos, sin importar cómo cada quién escoja llevar su vida.

Si bien existen voces que antagonizan esta situación y que procuran evitar a toda costa esfuerzos legislativos por ensanchar la libertad de la comunidad LGTB, la evolución del trato que le da la sociedad a este tema se nota con claridad. De hecho, que hoy ciertas organizaciones conservadoras sientan la necesidad de llevar a cabo movilizaciones y de, en general, defender su posición frente a la opinión pública, delata que se está dando un cambio importante en la forma de pensar de los peruanos y que, donde antaño se notaban signos de rigidez, hoy se empiezan a respirar aires de cambio.

Lo cierto, empero, es que los cambios, a pesar de estar dándose en la sociedad, con cada vez más ánimo por ser abiertos a las diferencias entre las personas, aún no se están mostrando con mucha claridad en el aparato estatal. Esto se nota con el rebote de diversas iniciativas legislativas por parte del Congreso, como por ejemplo el proyecto de unión civil que fue rechazado por la legislatura anterior.

Pero al mismo tiempo, existe evidencia de que el cambio promete con ser alcanzado con el paso del tiempo. Desde el vamos, el solo hecho de que haya dos congresistas electos abiertamente homosexuales, significa un avance. Sin embargo, también está el hecho de que el INEI se haya propuesto hacer un censo a la comunidad LGTB y, al mismo tiempo, que el currículo nacional busque visibilizar las diferentes orientaciones sexuales. Ambas medidas que, aunque no se traducen en un reconocimiento pleno de todos los derechos individuales para este grupo de la población, sí permiten que se avizore un futuro donde el Estado esté a la altura de los cambios que se empiezan a notar en la sociedad.

Hoy, en el marco de la marcha del orgullo LGTB en nuestra capital, más que aprovechar la oportunidad para celebrar a un grupo específico de la sociedad, hay que festejar por nuestras diferencias. Las mismas que, poco a poco, dejarán de ser una excusa para limitar el desarrollo individual y que serán, más bien, el elemento que nos haga únicos y, al mismo tiempo, libres para serlo. Para ese objetivo aún hay mucho por recorrer pero lo cierto, sin duda, es que el cambio está en marcha.