Editorial: La urgencia de la hora

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Esta ha sido una semana llena de convulsiones. Los escolares perdieron el año y los médicos entregaron los hospitales. El gobierno tuvo que desplegar sus mejores destrezas para que los maestros regresen a las aulas y los hospitales atiendan a los enfermos. El resultado final, no ha sido auspicioso. El griterío se ha salido con la suya y nos ha manifestado un diagnostico peligroso: incapacidad. No es posible que la única salida para lograr que las cosas funcionen sea la toma de calles, el cierre de hospitales y la perdida de clases. Peor aún, el mismísimo Presidente de la República ha tenido que mediar con pocos resultados, debilitando la capacidad de negociación del gobierno y generando mayor inestabilidad.

Frente al caos nos preguntamos, cómo llegamos a esta situación. Dónde estaban las autoridades, los agentes de inteligencia, los sociólogos y expertos en conflictividad. Qué hacia el gobierno para responder a las necesidades de los maestros y médicos. ¿Es acaso posible que los grupos extremistas tengan mejores tácticas de acción política? No debería serlo y menos que frente a la debilidad táctica, evidencien debilidad política.

Ahora, el extremismo busca arrastrar la presidencia por el fango de la lucha política regional, impulsando sus intereses por encima de sus agremiados y los del país. En ese escenario un mandatario jalonado a cuanta mesa de dialogo se instale y respondiendo a cuanto dirigente advenedizo se aparezca en el firmamento pone en peligro su legitimidad y capacidad de capitanear el Estado. Peor aún es el hecho que sus ministros y gabinete en general sea incompetente para gestionar los intereses sectoriales. ¿Qué ha hecho el nuevo Viceministerio de Gobernanza Territorial? Nada. Ese esfuerzo por articular de mejor forma la capacidad del gobierno para enfrentar los conflictos sociales no ha servido o por lo menos no ha mostrado logro alguno.

No bastan pues políticas publicas perfectamente diseñadas y técnicos de primer nivel que diseñen un futuro mejor para los ciudadanos si no pueden operar políticamente para lograr implementarlas. Todo termina un sueño, teoría pura y estéril. Así las cosas, volvemos al tema recurrente de este gobierno, la necesidad de una estrategia política, de operadores efectivos y un cuerpo de gestores sociales que permitan al gobierno tener la fuerza para lidiar con los conflictos en los niveles que corresponden. Esto con el fin de impedir que los problemas sociales, avivados por los intereses pervertidos de los enemigos del desarrollo y el progreso, exploten en la cara del presidente. En otras palabras, solo la política puede proteger al presidente, la política puesta en práctica por los ministros y sus departamentos. Para eso existen, no solo para pensar en un país mejor, sino para proteger al presidente solucionando los problemas.

Finalmente, quisiéramos advertir que lo que se viene no se pinta mejor. No habrá un respiro. El próximo año tenemos elecciones regionales y será la oportunidad maravillosa para que se levanten las banderas de guerra. Cada problema regional será excusa para mover los votos y azuzar a las turbas cosechando sobre las injusticias y el atraso. Esto sin considerar a la oposición obstruccionista fujimorista. Así que el reloj se está moviendo y la necesidad para que el gobierno reaccione, por el bien del presidente es esencial. El gobierno debe recuperar terreno y con gobierno nos referimos a todo el ejecutivo. Requerimos más fortaleza y estrategia.