Editorial: Érase una vez, un señor Kuczynski

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A principios del mandato de Pedro Pablo Kuczynski, no era difícil, para un grupo importante de ciudadanos, sentir simpatía por un gobierno que parecía llegar empeñado por darle nuevos aires a la Presidencia de la República. Ante esa circunstancia, los embates de la oposición mayoritaria en el Congreso se entendían como los abusos de un “bully”, falto de piedad ante un oficialismo con magras cifras en el hemiciclo. Érase una vez, entonces, un frágil, torpe pero empeñoso poder Ejecutivo, hostigado vilmente por un monstruoso parlamento naranja.

Pero la fábula que hoy vivimos, de forma distinta a como se daba en las que nos leían cuando niños, no parece que podrá desembocar en un buen resultado para el protagonista. Empero, esto no se dará por las artimañas malvadas del antagonista. Será culpa del mismísimo “héroe”, incapaz de comportarse como tal, que fácilmente cae víctima de su propia testarudez, de su torpeza y, sobre todo, de su flagrante tendencia a la contradicción. Hoy, el caballero de armadura de plata no se ve tan distinto a las bestias que parecía interesado en derrotar, de hecho, hoy se mimetiza y desconcierta a todos aquellos que esperaban, ahora sí, un final feliz.

Y es que PPK ha sido pescado en una serie de fatales contradicciones. Todo empezó el sábado pasado, en una entrevista para RPP. Como quien no quería la cosa y como quien habla de un tema de escaza trascendencia, el presidente dio la primicia de que, contrario a lo que había sostenido antaño, él sí había asesorado a una empresa vinculada a Odebrecht. En la mente del radioescucha promedio, mientras eso era dicho, reverberaban las palabras del presidente cuando dijo que nunca había tenido vínculo profesional con la empresa brasilera ¿De pronto el presidente recordó algo que había olvidado? ¿O quizá, ante la posibilidad de que la verdad fuera revelada, el presidente quiso valerse de la casualidad de una conversación con Raúl Vargas para dorarnos la píldora y regalarnos la verdad?

Pero lo peor no había llegado aún. El día de ayer la empresa Odebrecht informaría a la Comisión Lava Jato que le pagó más de US$ 700 mil a empresa de PPK por asesorías. Claramente, de esa situación a aseverar que no existió vínculo profesional con la constructora, existe un grandísimo abismo. El presidente faltó a la verdad con una flagrancia capaz de herir mortalmente su investidura y, cómo no, a todos aquellos que con confianza se la otorgaron.

La cuestión, sin embargo, se hace aún más dolorosa dada la situación política que atraviesa el país. No solo existen gravísimos cuestionamientos alrededor de casi todos los políticos nacionales, sino que desde el Congreso la bancada mayoritaria parece empecinada con poner contra las cuerdas el juego democrático, principalmente con golpes dirigidos al ministerio Público. Ante esta tesitura la ciudadanía clama por un líder que por su tino político y, por encima de eso, por su integridad, sirva para contrarrestar esta situación. Pero no.

El Presidente Kuczynski no solo ha presentado su propia cabeza en una bandeja de plata al fujimorismo, sino que su credibilidad está camino a un franco deterioro que lo hará perder la confianza de la ciudadanía. Toca que el mandatario diga la verdad, pida perdón y cruce los dedos para llegar en una sola pieza al 2021.

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