Acho, el Virrey Amat, Miquita y el Mirador de Ingunza, por Adrian Bazo Cannock

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La semana pasada me preguntaron por ahí:

– ¿Por qué escribes solo sobre lima y el Perú?

Y es que la respuesta es fácil: es imposible escribir sobre algo que no amas o no has amado. Y este país es uno de los pocos lugares de los cuales me he enamorado. Pues, aunque pudiese vivir en cualquier parte del mundo, prefiero morir en mi tierra que caminar cualquier otro suelo.

Pero, en esta ocasión el suelo del que hablamos es ajeno a las frases de Abraham Valdelomar, y más cercano a la casa de Miquita, más conocida como la Perricholi, de quien ya nos tocará conversar más adelante. Para muchos, este lugar es cultura y para otros muchos es tortura, pero imposible negar que, para todos es historia. Contaremos hoy entonces, la historia 2 lugares y 3 personas: el Virrey Manual de Amat y Juniet, la famosa Micaela Villegas o “Perricholi” y Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo. La historia de necesidad, amor y odio entre en el Mirador de Ingunza y la Plaza de Acho.

La Plaza fue inaugurada por el Virrey de Amat en 1762. Y aunque muchos no lo sepan, grandes obras arquitectónicas de Lima y el Rímac se las debemos a Miquita Villegas. Una de ellas, algunos dicen, es la Plaza de Acho. Otras son: la Alameda de los Descalzos, el palacio de la Quinta Presa, casa de Micaela, y hasta el Paseo de Aguas. Cuentan las historias de nuestras abuelas que Miquita le prometió su amor al Virrey solo si este era capaz de bajarle la luna. Y este, ni sonso ni bruto, construyó un espejo de agua en lo que hoy se conoce como Paseo de Aguas, poniéndole así la luna a sus pies, ganándose su amor.

Pero no nos desviemos. Regresando al tema del Mirador de Ingunza y la Plaza de Acho. Dicen los pajaritos que Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo detestaba saludar al Virrey y hacerle reverencias cada vez que se cruzaban en Acho. Así que, como todos nosotros quisiéramos hacer, decidió construir su propio mirador, hecho en mármol, vitrales y estatuas, que le permitían ver las corridas sin tener que hacer reverencia alguna más que a su propia sombra.

Paradójicamente, en 1972 el Mirador y la Plaza fueron, en conjunto, declarados Patrimonios Históricos por la UNESCO. Quienes no se pudieron saludar en antaño, son hoy vecinos y hermanos históricos.

*Bonus fact: La Plaza de Acho, no tomo ese nombre por coincidencia divina, ni suerte del destino. La palabra Hacho (así es, con “H”), significa: sitio elevado cerca a la costa desde donde se ven los barcos llegar y se hacen señales de fuego. Claro, pararse hoy en Acho y tratar de ver la costa es un poco, por decir lo menos, difícil. La arquitectura y organización de Lima han cambiado, nuevamente, un poco, por decir lo menos, bastante desde 1762.

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