Amnistía para esclarecer a los auténticos corruptos, por Federico Prieto

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DEDICO ESTE ARTÍCULO AL DOCTOR LUIS BEDOYA REYES, CON MI SIMPATÍA Y ADMIRACIÓN DE SIEMPRE, EN EL 100 ANIVERSARIO DE NACIMIENTO

La amnistía es el olvido legal de delitos, que extingue la responsabilidad de sus autores, reza el diccionario. La amnistía la decide el Congreso. Se aplica por igual a todos los ciudadanos que hayan cometido el delito objeto de la amnistía.

Pienso que una amnistía del delito de recibir dinero para una campaña electoral, sin averiguar explícitamente de donde viene, y se usa sin declarar exactamente de quién lo recibió – o simplemente no se declara-, es una costumbre peruana desde hace varias décadas. Responde al clásico estilo informal propio de nuestra idiosincrasia. Involucra –directa, indirecta o circunstancialmente- a muchas personas honradas, que se ven tachadas por los medios de opinión como criminales por ese motivo.

No voy a precisar el ancho ni el largo de la amnistía que sugiero, porque pienso que los lectores son inteligentes. Entienden que el ámbito exacto de la amnistía lo precisan los parlamentarios. Queda claro, sí, que mi propuesta no está dirigida a ayudar a unos y no a otros. La amnistía es por principio una ley general. Se diferencia claramente del indulto, que es individual y no la ejerce el Congreso sino el jefe del estado.

En realidad, la razón de la comisión de este delito está en la voluntad del donante, que prefiere el anonimato, o en la rigidez de la ley, que exige prácticamente una confesión pública y contable, con linderos precisos, que hacen delinquir hasta al más pintado.

Eso le pasó al gran canciller alemán Helmut Kohl, que gobernó ​​ Alemania entre el 1982 y 1998 y fue el autor del sueño de su antecesor Konrad Adenauer de unificar Alemania. Por supuesto no sabía nada del manejo económico de su campaña electoral, pero de todas maneras cayó en desgracia.

Esta amnistía tiene dos ventajas para todos los peruanos: primero, reducimos el número de políticos involucrados en la corrupción, que es una vergüenza nacional; y, segundo, dejamos la cancha libre para que entren los titulares del robo al estado, mediante coimas, comisiones, etcétera, sean pequeños delincuentes o ex presidentes de la república.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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