Aquel minuto en la pampa de Junín, por Alfredo Gildemeister

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A primeras horas de aquella mañana del 6 de agosto de 1824, el sargento mayor peruano José Andrés Rázuri cabalgaba a paso lento encabezando un escuadrón de caballería conformado por jóvenes novatos, pero con muchas ganas de combatir. El escuadrón se llamaba “Húsares del Perú”. Estaba al mando del coronel argentino Isidoro Suárez y habían recibido órdenes del general Bolívar, al igual que todo el ejército patriota, de subir a las alturas cercanas al lago de Junín o de Chinchaycocha, pues al parecer, el ejército realista español se había agrupado en esa zona de los Andes.

La mañana era fría pero soleada en la meseta de Junín, también llamada del Bombón. Cabalgaban por la orilla de las tranquilas aguas del lago, a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar. “Típico clima serrano. Maldita altura. Me siento medio mareado”, pensó Suárez. Mientras cabalgaba, calculaba sus fuerzas y las del ejército español.

El ejército de Bolívar contaba con aproximadamente 9,000 hombres, en su mayoría colombianos y peruanos, menos de 1.000 chilenos y una centena de jinetes rioplatenses. Si bien el número de hombres casi igualaba al del ejército español, las fuerzas realistas estaban dispersas entre el valle del Mantaro y del Alto Perú. Ello era una ventaja y Bolívar lo sabía. El ejército español estaba dividido. Se le vino a la cabeza la situación del ejército austriaco y británico antes de Waterloo en 1815. Recordó que Napoleón atacó primero a los británicos confiando en que los prusianos estuvieran lejos, pero calculó mal. Cuando ya contaba con la victoria, aparecieron los prusianos y masacraron al ejército napoleónico. Pero Suarez no quería terminar como Napoleón en Waterloo. Sabía que Bolívar, conociendo esta ventaja, quería aislar a las fuerzas realistas del general José de Canterac, situadas en el norte.

Días antes, el 2 de agosto para ser precisos, Bolívar había pasado revista a su ejército, compuesto por 7900 soldados de infantería, 1000 de caballería y seis piezas de artillería, en el llano de Rancas, dirigiéndole estas palabras: “¡Soldados! Van a completar la obra más grande que el cielo ha encomendado a los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud… ¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de ustedes la paz, hija de la victoria… ¡Ustedes son invencibles!”.

Cerca del medio día de aquel 6 de agosto, los patriotas toman el camino que conducía al pueblo de Reyes (hoy Junín) con el propósito de cortar la retirada de Canterac, enviando una avanzada de caballería. Dicho escuadrón avanzaba en columna por un camino angosto entre los cerros y el lago. Los patriotas salían del trecho para ubicarse en la pampa, pero antes de que estos tomasen posición, fueron atacados por la caballería realista. Los generales patriotas Braun, Necochea y Miller enfrentaron el ataque enemigo, llevando la peor suerte Necochea, quien fue herido gravemente, desmontado y hecho prisionero, mientras Miller retrocedía combatiendo en desorden.

Los realistas comienzan a perseguir a un enemigo que creían ya derrotado y pierden su cohesión. Suarez pide órdenes a su superior, el general peruano José de la Mar, y por esas cosas del destino, Rázuri fue el encargado de llevar el mensaje a La Mar, quien le respondió: “Diga Ud. al Comandante Suárez que salve ese escuadrón como pueda”. Con la orden de retirada todo estaría perdido. Sin embargo, Rázuri advierte en ese instante el flanco izquierdo expuesto de los españoles. ¡Pero si sus “Húsares del Perú” están aún sin entrar en combate y quieren pelear! Es en esos instantes cuando en fracción de segundos toma una decisión que decide su futuro y el de su patria, en este caso la independencia.

Es uno de esos momentos de la historia en que el futuro del ser humano se decide en cuestión de segundos. Razuri lo tiene claro. Lo decide mientras observa a un desordenado ejército español en persecución del ejercito patriota, en aquella fría pampa. Rázuri toma una decisión y le dice a Suarez: “Mi Coronel, el general La Mar ordena que cargue Ud. de todos modos”. Suárez ordenó entonces la carga contra la retaguardia realista, lo que desordenó a esta y permitió el éxito patriota y Rázuri pasa a la historia. Lo que era una derrota, se convierte en una victoria contundente del ejército patriota.

Los realistas fueron sorprendidos. El grueso de la caballería patriota al mando de Miller, quien había tomado el mando general por la captura de Necochea, volvió grupas para regresar al ataque. Ocurre lo inesperado. El primer escuadrón del regimiento “Húsares del Perú”, que debía retirarse para no verse diezmado por el enemigo, ataca a la retaguardia realista, aprovechando que esta perseguía a las fuerzas patriotas.

Atacados de flanco y por retaguardia los realistas se desmoralizaron y retroceden, sin que el general Canterac pudiera advertir el motivo de algo que se realizaba “inesperadamente, sin que pudiera imaginar cual fue la razón” según informó después al virrey. Sorprendido y sin una fuerza de reserva, la caballería de Canterac entró en confusión, retirándose desordenadamente con dirección a Tarma.

Luego de la batalla, el general José de la Mar, mandó llamar a Rázuri y tras amonestarle duramente por su indisciplina le dijo: “Debería usted ser fusilado, pero a usted se le debe la victoria”. Como curiosidades, debemos mencionar que la batalla se libró solo con armas blancas, esto es, sables y lanzas, sin que se registrase durante la acción disparo alguno. Duró aproximadamente 45 minutos. Pelearon hombres de diversas nacionalidades, además de las americanas. El mismo Miller era británico.

Entre los muertos del ejército patriota estuvo el comandante Carlos Sowersby del segundo escuadrón de húsares, oficial alemán de la Grand Armée de Napoleón, veterano de la batalla de Borodino en Rusia, que falleció pocos días después a causa de sus heridas. Miller menciona en sus memorias que el frío fue tan intenso durante la noche después de la batalla, que casi todos los heridos de ambos bandos perecieron. Increíblemente, hasta el año 2013, el regimiento Húsares de Junín ejerció la función de escolta del Presidente de la República.

Debería volvérsele a otorgar ese honor. Así fue como la decisión en contraorden de un solo hombre, decidió en cuestión de segundos, la suerte de una batalla vital para la independencia de América, aquella fría tarde en la Pampa de Junín.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.
1 comentario
  1. Angel dice

    Un par de aclaraciones:

    El ejército realista no es “español” es “Ejército Real del Perú” leal a la corona y prácticamente son todos nacidos en el Virreynato, hay muy pocos españoles peninsulares (no estoy ni seguro que participara el último destacamento enviado por la corona “Regimiento Cantabria Nº 39” que de los 1500 zarpan de España llegan no más de 300 efectivos a las colonias del sur). Este ejército está formado por más indios y mestizos que criollos o blancos europeos.

    El ejército patriota es “Ejército Unido Libertador del Perú” liderado por el ególatra Bolívar, formado (curiosamente) por más criollos, por negros y mestizos, (la parecer no se menciona mucho en la historia pero los húsares patriotas son en su mayoría negros).

    Cabe la aclaración puesto que suele presentarse estas batallas como una lucha entre blanco opresor y cholito buscando libertad.

    Si no, pregúntenle al Pumacahua realista y a Melgar patriota, un indio y un blanco en (supuestamente) bandos equivocados.

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