Cara o sello: turismo sexual en el puerto, por Verushka Villavicencio

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Un gran estreno de este nuevo Congreso es la aprobación de la reciente Ley Marco sobre el Cambio Climático, siendo la primera en Suramérica luego del Acuerdo de París el 2016. En ella se establece como meta la reducción de los gases de efecto invernadero (GEI) con el compromiso de rendir cuentas sobre sus avances ante la Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Gran paso si se considera que la transparencia y el buen gobierno obligan a acciones concertadas entre todos los organismos del Estado que deberán documentar su proceder ante los ojos del mundo.

Nobleza obliga. Entonces sería importante preguntarnos: ¿cuáles podrían ser los negocios que se promoverían con la construcción de un puerto de cruceros que afectarían esta rendición de cuentas ante el mundo?

Aclaremos algunos puntos. En primer lugar es importante saber que existen, según la Organización Mundial del Turismo, tres grandes compañías navieras: Carnivale Corporation Plc, Royal Caribbean Ltd. y Star Cruises que manejan el 88% de la oferta mundial  turística de cruceros que habitualmente registran los barcos en paraísos fiscales y utilizan banderas de conveniencia para evitar normativas laborales y ambientales y evadir impuestos.

En segundo lugar, esta industria se caracteriza por sus altas emisiones contaminantes. Un crucero medio (de 2.000 a 3.000 pasajeros) consume la misma energía que unos 12.000 autos. Usan un combustible denominado “fueloil”, 100 veces más tóxico que el diésel que utilizan automóviles y camiones porque contiene 3.500 más azufre. Estas emisiones de dióxido de carbono disminuyen el ph del agua marina y la vuelven ácida, eliminando paulatinamente la vida del zooplancton, alimento natural de peces y mamíferos marinos. Este combustible está prohibido en tierra firme, por su peligrosidad pero se permite su uso en el transporte marítimo por la débil regulación internacional sobre el sector. Para comprender el poder de esta industria es preciso anotar que quedaron fuera de los acuerdos de la COP21 junto con el sector aviación. Un caso emblemático es Barcelona, donde según diversas organizaciones ecologistas, se incumple con los valores de calidad de aire y protección de la salud dado que mientras están atrancados los barcos en el puerto, se continúan quemando fueloil. De seguir a este ritmo, en el 2050 se llegaría a los 70 millones de toneladas de CO2 a nivel mundial. Si el mar se calienta, se propician condiciones para diversos fenómenos naturales que pueden ser devastadores.

En tercer lugar, las ofertas turísticas de los cruceros son de todo tipo, pero nos preocupa la oferta de turismo sexual y su asociación con la trata y la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes. Sucede que muchos turistas toman estos cruceros para el ejercicio de diversas prácticas sexuales y al llegar a los puertos desembarcan con el mismo objetivo, motivados por una experiencia exótica.  Y esa oferta conlleva a la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes pudiendo fomentarse la prostitución y la trata.

Y en cuarto lugar, sucede que en Europa está pasando lo que en Perú, que las autoridades nacionales deciden sin tomar en consideración a la autoridad de los gobiernos locales. Es el caso de España, con la organización Ecologistas en Acción que aglutina a más de 300 grupos ecologistas de todo el país, que reclaman que sean los ayuntamientos quienes definan la política de los cruceros y no las autoridades portuarias nacionales -sobre todo-, porque en ese caso, la mayor cantidad de los puertos europeos son municipales como el de Rotterdam, el más grande de Europa.

Los cuatro puntos descritos, son hechos que pueden ayudarnos a adentrarnos en un problema que de prosperar podría acarrear graves consecuencias para el país. Si bien la cara de la iniciativa puede representar la posibilidad de desarrollo económico y generación de empleo; el sello de la propuesta, podría acarrear graves impactos sociales y convertirnos en un destino turístico sexual. La planificación estratégica de obras de esta envergadura exige la concertación de varios sectores en honor de una administración pública respetable y transparente. Basta de andarnos por las ramas, aterricemos en medidas que demuestren eficacia y eficiencia.

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