Cerraron el aeropuerto, por Eduardo Herrera

343

El nivel de intolerancia se aprecia de la manera en que algunas personas se expresen ante esta, insólita, medida. Huelga agregar calificativos, comparaciones con otros Alcaldes, al parecer, más eficientes. La Municipalidad del Callao, haciendo uso de su legislación vigente, cerró el aeropuerto internacional Jorge Chavez.

Sí, claro. Cerrar el aeropuerto es desproporcionado. Aunque, no perdamos de vista, que hay gente que celebra esta acción aduciendo que está perfecto sancionar a alguien que no lucha contra la discriminación. Eso, es otro tema desde luego.

El objeto de este pequeño escrito no reside en lo más de lo mismo. Mi preocupación y el llamado a la intolerancia es porque esto se repite en miles (o millones) de negocios casi todos los días en nuestro país.

Viene un funcionario de Defensa Civil y te dice que las escaleras de tu oficina no cumplen con los estándares requeridos ¿cuál es el estándar? El leal saber y entender del funcionario. Sigo, viene otro funcionario y te dice que el cartelito de salida no está la suficientemente luminoso. Lo peor de todo es que estos ejemplos no son inventados, son reales. Y más, el “criterio” de cada funcionario varía como lo hacen las identidades de los individuos en cuestión.

Lo que pasó con el aeropuerto pudo haber representado un caso como los antes señalados. La solución radica entonces -en este caso- en pagar la multa municipal (no contemplada en ningún instrumento legal o recientemente aplicada de manera unilateral) ¿Cómo se llama eso? ¿Extorsión? ¿Abuso de poder? Incluso, puede pasar que el funcionario te arrincone para que, de tu “propia voluntad”, se origine darle un billete y asunto solucionado. La palmadita en la espalda y nos vemos luego, gilaso.

Esta es otra de las muestras de corrupción institucionalizada. Aquella que es solapa, oficial y complaciente con la necesidad de miles (o millones) de personas que tienen que hacer negocios. Emprendurismo, le dice algunos. No, eso no es un Estado de Derecho. A eso se llama (sobre) vivir como puedas en una jungla de cemento.

Cerraron el aeropuerto y eso abonará en mostrarnos al mundo como una república bananera (con el permiso de los respetables bananeros).  No obstante, el mundo sigue girando y acá la corrupción está sellada en piedra, por ahora. Hasta que lleguemos a un límite.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.