¿Cosas o personas?, por Alfredo Gildemeister

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Mi primera práctica preprofesional tuve la suerte de hacerla en el Estudio del Dr. Jack Bigio Chrem. Jako como le decían los amigos, pertenecía a la Comisión Revisora del Código Civil, esto es, la Comisión que, por mandato del gobierno de Belaunde, se encargaría de la última revisión del nuevo Código Civil. Además de los procesos judiciales que tenía que seguir, Jako también me encargaba el llevar los alcances y correcciones del nuevo Código al jurista que finalmente, era el que con toda humildad y sin figuración alguna, daba su visto bueno a los aspectos novedosos del nuevo Código.  Se trataba del Dr. Manuel de la Puente y Lavalle, que, desde el Estudio Echecopar, en el Jirón Ocoña, efectuaba las correcciones y comentarios a lo que Jako le enviaba desde la Comisión Revisora, la cual operaba en unas oficinas al costado de Palacio de Gobierno, ingresando por el lado de Desamparados. Yo leía cuando me entregaban e inclusive fotocopiaba o guardaba los borradores que votaban al tacho, pues sabía que todo ello algún día tendría un cierto valor histórico. Una vez aprobado el nuevo Código Civil por la Comisión Revisora, se fijó el 14 de noviembre de 1984, como la fecha de entrada en vigencia del nuevo Código.

La noche del 13 de noviembre nos reunimos un grupo de compañeros de la Facultad de Derecho en la casa de un amigo. Queríamos recibir la entrada en vigencia del nuevo Código como debe ser, con una ceremonia y honores. La mitad de la carrera la habíamos estudiado con el Código de 1936, especialmente el libro de Personas. Hicimos una parrillada y fue precisamente a la medianoche, cuando con todo respeto y pundonor, tomamos un ejemplar del Código Civil de 1936 y lo quemamos en el fuego de la parrilla mientras que con un aplauso recibíamos al nuevo Código Civil de 1984. Luego de varios piscos, rones y cervezas, a uno de mis compañeros no se le ocurrió mejor idea que llamar por teléfono a la casa de Jako para felicitarlo por el nacimiento del nuevo Código Civil. Eran como las tres de la madrugada. Jako respondió muy educada y pacientemente, con una voz de sueño espantosa, agradeciendo por los saludos y felicitaciones expresados. Del Código Civil derogado y del nuevo ya en vigencia, todos recordábamos en especial el libro de Personas. Teníamos muy en claro como la persona humana existe desde su concepción y es sujeto de todos los derechos, a condición de que nazca vivo.

Precisamente, hace unos días, el ministro de Justicia Salvador Heresi a presentado un “Anteproyecto de Reforma al Código Civil Peruano – Propuestas de Mejora”, el cual contiene ciertas novedades en cuanto al tema de las Personas y su tratamiento legislativo. Es interesante mencionar el aspecto de los derechos del embrión humano y el tema de su manipulación genética señalado en su artículo 1-A. El Anteproyecto establece que los embriones, sus células, tejidos u órganos no podrán ser cedidos, manipulados o destruidos, agregando que está permitida la disposición para trasplantes de órganos y de tejidos de embriones muertos. Luego, se establece que la fecundación de óvulos humanos puede efectuarse solo para la procreación; y, finalmente, que está permitida la manipulación genética exclusivamente para fines terapéuticos. Esto último habría que precisarlo como es lógico suponer.

La exposición de motivos indica que el Código Civil debe contener “disposiciones generales que protejan al ser humano de la utilización de las prácticas eugenésicas que, alejadas de su verdadera finalidad, tienden a seleccionar genes o elegir premeditadamente el sexo, los caracteres físicos o raciales de los seres humanos, supuestos que representan un atentado contra la integridad de la especie humana. Es menester advertir los riesgos que podría acarrear la incorrecta aplicación de los resultados de las investigaciones genéticas en relación con la vida, la salud y el propio destino de la humanidad, los límites a que debería estar sujeta la investigación científica cuando su aplicación significase una grave amenaza contra el ser humano”. Se busca pues “prohibir la destrucción de embriones, considerando ilícito su descarte, ya sea porque la fecundación in vitro dio resultados y los restantes embriones no serán implantados en la mujer receptora o por otras razones. Se tutela jurídicamente al embrión extracorpóreo circunscribiendo la fecundación de óvulos humanos sólo a fines de procrear, no siendo posible los acuerdos de procreación subrogada”.

Al igual que en la medicina moderna ha nacido la “medicina fetal”, la cual se especializa en la prevención, detección y corrección de padecimientos del bebé cuando se desarrolla en el vientre materno, hoy el Derecho de Personas moderno ya legisla sobre el concebido y sus derechos como persona humana, impidiendo que se le manipule como si fuere una “cosa” y no una persona. Lamentablemente en muchos casos, hoy la denominada “ciencia moderna” trata como cosas a las personas concebidas, manipulándolas y experimentado con ellas como si fueren meras cosas que se pueden inclusive, descartar o tirar a la basura. En Inglaterra y en varios países esto es permitido por su legislación. Es lo que se ha denominado, la “cultura del descarte”, lo cual incluye el “descarte” -por no decir asesinato- de la persona humana mediante el aborto en todas sus modalidades, así como la experimentación con embriones tal como también lo hacía el Dr. Josef Mengele en Auschwitz o el Dr. Frankenstein en la famosa novela de Mary Shelley. ¿De qué nos espantamos entonces cuando recordamos los salvajes experimentos con judíos efectuados en los campos de concentración nazis, si hoy se permite en algunos países “desarrollados” la manipulación de embriones, óvulos humanos concebidos, etc. como si fueren meros objetos o cosas descartables? De allí que la legislación moderna deba pues proteger los derechos del concebido en todos sus aspectos. No confundamos y que no nos manipulen ni engañen con falsas teorías. ¿Cosas o personas? No confundamos. Son personas, seres humanos concebidos con todos los derechos que le corresponden. Otra cosa es salvajismo.

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