Cuando hacerse el loco no sirve, por Eduardo Herrera

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Estar en la ignorancia es una tragedia cuando uno se percata y permanece en ese estado intencionalmente. Entonces, se renuncia a salir de la ignorancia y se persiste en el error. Más trágico aún es, a mi modo de ver, creer uno que no es ignorante , alardear de  un conocimiento privilegiado, cuando se está cabalmente equivocado. Por eso dicen que la ignorancia es atrevida.

La semana pasada, una conocida periodista alabó una – supuesta – «escueleada» de un también conocido expresidente a una entrevistadora, en el marco de una conversación respecto al ya trillado caso Odebrecht.

Haciendo gala del atrevimiento de la ignorancia, el expresidente trataba de eludir su responsabilidad – penal – al decir que no podía atribuírsele nada a consecuencias de las actuaciones (delitos) de funcionarios de menor rango de su gobierno. Esto, a mi juicio técnico, es un error, una muestra de ignorancia supina.

La cabeza de una empresa, por ejemplo, un miembro del directorio, no puede alegar irresponsabilidad de los actos de un empleado suyo que, dentro de su función, por ejemplo, comete un delito al sobornar a la autoridad. Y no puede quitarse ni «hacerse el loco» en tanto y en cuanto renuncie a controlarlo, vigilarlo y/o supervisarlo, pues la condición de cabeza, de director, de gerente, de superior jerárquico, etcétera, no es excusa para “desmarcarse” ni liberarse. Ojo no hablo de responsabilidad solidaria; no, eso es imposible, a lo que me refiero es que le compete al jefe de una organización implementar controles adecuados para que el de abajo no se aproveche de la omisión para delinquir.

En virtud de la estructura propuesta anteriormente es que, por ejemplo, ahora se sanciona la responsabilidad penal de las personas jurídicas. Así se dice que si una corporación está estructurada de una manera proclive al favorecimiento del delito, entonces debe responder. Esto no elimina, en modo alguno la responsabilidad penal individual.

Lo mismo ocurre en el Estado, aunque claro nadie en su sano juicio podría pretender que sea la entidad la que responda;  ¿qué pasa entonces con los jefes de Estado, los ministros – y así hacia abajo – respecto a los funcionarios que tienen a su cargo?  ¿será tan fácil decir «me sorprendieron» o «yo no sabía nada»? No, no es tan fácil. Si dejas hacer – si permites – y te haces el loco, eres tan cómplice como si lo hicieras activamente, así funciona la cosa.

La ignorancia no es un calificativo peyorativo. Todos, en cierta medida y respecto a varios temas, somos ignorantes. Lo peyorativo, y lo delictivo, hablando del asunto que nos toca, es renunciar a saber, renunciar a conocer.

 

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