Cumplimiento para todos, por Eduardo Herrera

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Muy posiblemente, si usted está ligado al sector corporativo, habrá escuchado hablar del término compliance que, en castellano no es otra cosa que cumplimiento. Desde hace más de veinte años se ha erigido toda una filosofía detrás de esto a consecuencia de escándalos corporativos como el de Enron, que marcó un hito fundacional en este tema.

Pues bien, hoy está de moda el compliance y casi ya no es anónimo (como lo era hace relativamente poco) está forma de ganarse la vida. Se ha creado todo un mercado alrededor de esto.

Pero el cumplimiento (o compliance) no es otra cosa que cumplir la ley. Aunque muchos lo asocian a la lucha contra la corrupción, va mucho más allá. Por ejemplo, ahora que han terminado las elecciones y que tanto se ha hablado de inseguridad ciudadana o de caos vehicular, el cumplimiento tiene mucho que ver con ello.

Por ejemplo, en inseguridad ciudadana, desde la lógica de cómo combatir la delincuencia; concretamente eliminar incentivos para la generación de actividades delictivas, crear sanciones y, como resulta lógico, aplicarlas. El cumplimiento pierde sentido sino se cumple la ley. Aquí entran otros conocimientos como el análisis económico del crimen o la llamada economía conductual que colaboran con un entorno eficaz.

En lo tocante al caos vehicular el asunto es mucho más simple. Si hay normas estructuradas (inteligentemente) para imponer sanciones a los malos conductores, todo debería de caminar correctamente. Si hay disuasión, entonces todos sabríamos que, si cometemos alguna infracción, nos caerá la sanción. Muy simple.

Como vemos hay toda una secuencia en esto: creación de normas de manera inteligentes, educación para que las personas sepan por qué se emiten las normas y cómo operarán y, finalmente, la parte crucial: el cumplimiento. Principio de autoridad o lo que los estadounidenses llaman “enforcement”.

Luego de eso, con el pasar de muchos años -quizá generaciones incluso- habremos internalizado la norma y ya no será necesario cortar cabezas. Pensaremos de forma distinta. Podrá decirse con suficiencia entonces que seremos más cercano a una sociedad civilizada.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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