De la fuerza a la acción, por Raúl Bravo Sender

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Del último proceso electoral para elegir autoridades regionales y municipales, podemos concluir muchas cosas, a manera de termómetro sobre cómo se están moviendo las fuerzas políticas en la capital y en las provincias del interior del país a nivel nacional. Aunque es prematuro hacer proyecciones de aquí a las Elecciones Generales del 2021, sin embargo, conforme los actores políticos se comporten y muevan sus fichas, dependerá el escenario del bicentenario.

Es cierto que estas elecciones fueron peculiares, pasando desapercibidas, con una hinchada distraída con el desempeño de la selección nacional en el mundial de futbol, la opinión pública concentrada en la crisis política generada por los “CNM audios” y “Odebrecht”, el enfrentamiento entre los poderes del Estado por: las reformas políticas, el voto de confianza y el posible cierre del Congreso, sumándose en el último tramo la anulación judicial del indulto de Fujimori.

El centralismo, característica de nuestro sistema político –por ser un Estado Unitario- se reflejó en la nula atención de los medios de comunicación de señal abierta hacia las candidaturas de las regiones y provincias, centrándose en los candidatos de la capital y forzando a los electores provincianos a visualizar un debate del que no tenían expectativas. Como si el resto del país no existiera, o como si Lima fuera otra República de espaldas al Perú provinciano.

No nos sorprende, pues inclusive una gran mayoría de candidaturas provinciales y regionales no las deciden los militantes en las bases departamentales sino los centralizados Comités Ejecutivos Nacionales (CEN). Hay que tener un padrino. Y en las estructuras partidarias se reproduce la figura del super caudillo que, con los caciques regionales, se reparten cuotas de poder: el primero exigiendo sumisión a su autoridad nacional y los segundos autonomía en sus predios.

Encabezar las encuestas desde un inicio no asegura nada. El tiempo desgasta. El reto radica en mantener ese liderazgo sostenidamente. Pero para ello hay que saber comportarse, sintonizar con la ciudadanía y responder a sus demandas, no caer en la soberbia o en la bravuconería, ni muchos menos sentirse ganador. Pues hoy, los medios pueden magnificar el mínimo error. Y son los electores los que premian o castigan dichas actitudes.

Las dinastías familiares y los candidatos topos fueron dejados de lado por los votantes. La población ha inclinado la balanza hacia las candidaturas que representaban experiencia y posturas democráticas, con excepción de los radicales Walter Aduviri en Puno y Vladimir Cerrón en Junín. Lo significativo de la jornada electoral, es que el Callao le dijo no a la mafia que venía gobernando, destruyendo y saqueando al puerto.

El mapa político nacional se ha reconfigurado de la fuerza a la acción. Un duro revés ha sufrido Fuerza Popular. Candidatos regionales y municipales que quizás ostenten capacidades, pero que por postular con el partido del Paseo Colón el electorado les pasó la factura, por los constantes errores de sus principales líderes en abierta confrontación y polarización con el gobierno, desechando el diálogo y el consenso y subestimando al ciudadano.

Mientras tanto, Acción Popular ha dado el golpe. Es cierto que Jorge Muñoz viene de una gestión en Miraflores bajo el sello del partido Somos Perú. Y por ello se ha desatado una polémica en torno a quién fue determinante en su victoria: ¿la maquinaria del partido, él mismo, o el líder histórico Fernando Belaúnde Terry? ¿O finalmente la prensa? El debate constituyó una oportunidad que no desaprovechó, centrándose en las propuestas y sepultando al ausente –y confiado- Reggiardo.

Sería un error desmerecer al partido de la lampa. Desde la campaña de Barnechea –y al margen del pasado aprista de éste-, se ha revitalizado, atrayendo a una juventud deseosa de hacer política. Haber ganado la capital –por lo significativa-, además de distritos y otras provincias, es un impulso hacia el 2021. Sin embargo, todo dependerá del cómo se comporten sus autoridades electas. Por ello, otros han preferido guardarse y esperar el premio mayor.

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