Debemos recibir a los venezolanos, por Federico Prieto Celi

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Debemos recibir a los venezolanos en el Perú como ellos lo hicieron con nosotros en los tiempos del general Velasco y del primer gobierno de Alan García, cuando a nosotros nos iba mal. Hasta ahora los gobiernos de Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra han sido correctos, facilitando el ingreso de venezolanos simplemente con su documento de identidad y, sobrepasados los 400 mil venezolanos en el Perú, más de 20 mil los últimos días, se ha puesto una prudente valla: ingresar con pasaporte. En casos peculiares, al parecer, podrían ingresar aunque el pasaporte esté sin actualizar.

Veamos lo que ocurre las próximas semanas. Efectivamente, es claro que los venezolanos aceptan trabajos mal remunerados. Pero ocurre que el ingreso promedio del adulto peruano, entre 36 y 59 años, es de apenas 1,300 soles mensuales y el del joven peruano, entre 21 y 35 años, de 1,200 soles mensuales (Ipsos, 2018), por lo que los empleadores no tienen mucho que rebajar, teniendo en cuenta la vigencia del salario mínimo vital es, desde el primero de abril de 2018, de 930 soles, sueldo que no se puede rebajar salvo en el trabajo informal (la mitad de los venezolanos son informales) y/o ilegal.

Cierto que los venezolanos disputan con los peruanos cada puesto de trabajo, por lo que se explica de alguna manera la disposición del ministerio de Relaciones Exteriores de pedir pasaporte a los inmigrantes venezolanos. Pero no  podemos olvidar que la misma cancillería ha liderado el reclamo de la vuelta de la democracia a Venezuela, con duras críticas tanto a Chávez como a Maduro, por lo que debe ser consecuente con dicha política, a la hora de acoger a los venezolanos, como ha hecho y hace.

El tema de la delincuencia de algunos venezolanos es inevitable, como ocurre en Europa con los africanos y los habitantes de Medio Oriente que acoge y que no quiere seguir acogiendo. O en los Estados Unidos con los latinoamericanos, donde el presidente Donald Trump quiere impedir el ingreso con una alambrada o un muro, como si se tratara de un asunto simplemente físico o atlético. Se trata de un acto humanitario, dentro de una política demográfica positiva. Domingo Sarmiento decía que gobernar es poblar. Hoy como ayer.

El gobierno debería aprovechar este fenómeno demográfico, que afecta tanto a venezolanos como a peruanos, para impulsar una política descentralista, y reducir el hecho de que un tercio de la población del país viva en la capital, lo que es un impedimento para el desarrollo nacional.

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