Dignidad para los adolescentes infractores, por Verushka Villavicencio

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Todos nos cuidamos al caminar por calles peligrosas. Vamos alertas porque sabemos que podemos ser víctimas de un robo. Son los adolescentes quienes según las cifras oficiales perpetúan estas acciones en forma constante. Sólo de enero a abril de este año, la Policía de Lambayeque intervino a 229 menores de 18 años. De todos ellos, 100 son autores de arrebato de celulares, el robo de prendas de vestir y otras modalidades contra el patrimonio; 20 son responsables de tráfico ilícito de drogas, 7 de delitos contra la libertad sexual, 4 de violencia familiar y 3 de lesiones graves; según cifras de la comisaría de la Familia de Lambayeque en coordinación con la Región Policial.

Según Víctor Quinteros Marquina, director general de Asuntos Criminológicos del Ministerio de Justicia, la cifra de adolescentes recluidos en centros juveniles en el Perú aumentó de 1,944 infractores, en 2015, a 2,186, en 2017. En tanto, en el medio abierto, en el mismo periodo, se pasó de 1,312 adolescentes infractores a 1,483.

La delincuencia juvenil se nutre de adolescentes sin oportunidades, con familias desestructuradas y hambre, para avanzar. Para contrarrestar este avance, el Observatorio de Política Criminal del Ministerio de Justicia (INDAGA), realizó un estudio presentado a inicios de este año que señala que de 3,723 casos de adolescentes infractores, el 58% no tiene secundaria completa. Por otro lado, del total de adolescentes que se encuentran bajo el medio cerrado (2,159), el 16.9% nunca ha trabajado y el 17.7% que sí lo ha hecho, ha laborado en construcción civil. Además, el 28.4% son convivientes, mientras que el 14.8% están casados. Y finalmente, el 40 % de los adolescentes infractores tiene a un familiar en prisión, que muchas veces es el padre.

Esta valiosa información puede ser la base para un programa que incida en la promoción de la salud de los adolescentes infractores abordando los factores de riesgo que inciden en su conducta. Uno de ellos, probablemente el más sensible: su relación con su padre.

La Convención de los Derechos del Niño que ha suscrito el Estado Peruano protege los derechos de los adolescentes infractores y los considera como personas en formación cuya madurez emocional y psicológica no es la de un adulto. La ley peruana es clara también, los adolescentes no comenten delitos, sino infracciones. Y si el adolescente es juzgado por una infracción -sólo como último recurso-, se permite su internamiento en un centro de rehabilitación.

La realidad refleja que las bandas de sicarios capturan a adolescentes aprovechándose de la ausencia de modelos a seguir y reemplazan a la familia y al padre ausente mediante las pandillas. Entonces, el adolescente ingresa a una espiral hacia el centro de sus propias necesidades. Si pensamos en el estudio mencionado, sería el 43.2% los que conviven o están casados, porque requieren encontrar seguridad afectiva. Así la pandilla se convierte en su familia.

Para problemas complejos se requieren soluciones innovadoras y creativas que congreguen a varios actores en la gesta de nuevas buenas prácticas de gestión gubernamental. Prácticas que reivindiquen la dignidad del ser humano. Pensemos en un modelo de desarrollo de promoción de la salud que recurra a mentores, voluntarios y a la empresa privada para que asociados los conecten con una real inserción laboral. Pero lo más importante, es crear un tejido social positivo que rompa con el círculo de violencia de padres a hijos. La mentoría con modelos a seguir positivos es una puerta abierta que no se ha explorado con los adolescentes infractores. Nos referimos a personas adultas con la firme decisión de impactar y cambiar la visión de la vida de los adolescentes infractores. Un coach que sea capaz de convertirse en el soporte afectivo necesario para que se conviertan en reales protagonistas de sus vidas.

La dignidad se recupera si se valora la historia personal y se aprende de los errores para no seguir cayendo. Dignidad, resiliencia y oportunidades reales de trabajo es lo que necesitan los adolescentes infractores. En esta tarea no sólo se compromete al Estado sino también a la sociedad civil. El problema de los adolescentes infractores es de todos los peruanos y la recuperación de su dignidad es un reto.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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