Discapacidad: valor de la diferencia, por Verushka Villavicencio

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Tres reacciones provocan las personas con discapacidad en los ciudadanos: indiferencia, pena y solidaridad.

La primera hace que desviemos la mirada para no implicarnos en la solución del problema. Es decir, si una persona con discapacidad física está en su silla de ruedas en una esquina buscando un taxi, pocos taxis paran y pocas personas se comprometen en ayudar a la persona con discapacidad a parar uno. La segunda, responde a una condolencia por la situación de “discapacidad”; entonces, veremos a ciudadanos que se desviven en demostrar a la persona con discapacidad que quieren ayudarlos, sepan o no cómo hacerlo. En esta situación, se produce una comunicación que reconoce una diferencia que crea una relación desigual. La persona con discapacidad física que se desplaza en silla de ruedas es vista como una víctima de la circunstancia. Y en la tercera, se produce una identificación con el otro que implica ayudarlo sin hacerlo sentir un ser humano víctima de su circunstancia.

La pregunta es: cómo hacemos para aprender a tratarnos con respeto tengamos o no discapacidad.

El gran problema es que el colectivo de personas con discapacidad no tiene una voz influyente que posicione el respeto que merecen como seres humanos. Esa es la razón por la que vemos que en los noticieros se les denomina “discapacitados”, aunque la noticia recoja una historia de emprendimiento exitoso o el reconocimiento de una valiosa medalla deportiva. Además, podemos ver que también se usa el término “minusválidos” o “lisiados”.  Todos estos términos expresan una diferencia que nos distancia, que nos divide, que nos excluye unos de otros. Marcan una distancia en la cual las personas con discapacidad están en desventaja por no caminar sin apoyo, por no ver, no escuchar o requerir más tiempo para comprender una idea. Esta diferencia no debería distanciarnos si supiéramos cómo tratar adecuadamente a las personas con discapacidad.

Lo primero que debemos saber es que todas las personas con discapacidad quieren ser tratadas como ciudadanos con iguales derechos y deberes como todos los ciudadanos. Por eso, si nos acercamos en la calle, lo adecuado es preguntarle: en qué le ayudo, no sin antes mirarle a los ojos con una actitud no de pena sino de buena disposición para ayudarlo. El siguiente paso, si no sabemos cómo conducir a una persona con discapacidad física, visual o cognitiva es hacer lo que nos dice. La persona con discapacidad nos guiará para que la ayuda sea efectiva. Si fuera una persona sorda, debemos acercarnos con un papel y un lapicero para que escriba lo que necesita y al responderle por escrito, debemos usar frases cortas. Algunas personas sordas leen los labios, entonces podemos hablarles despacio, mirándoles de frente, para que puedan comprendernos.

Zanjando las preguntas sobre el uso del término “persona con discapacidad”, precisamos que se recoge de la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas, tratado vinculante, firmado por el estado peruano. Este mismo término está reconocido por la Defensoría del Pueblo como el término correcto que reconoce la “discapacidad” como una condición que puede ser permanente o temporal. Dicha condición, no limita a la persona que la presenta. Más bien, es la sociedad, la cual no logra acondicionarse con un trato correcto que elimine las barreras actitudinales y de la comunicación para conseguir desempeñarnos todos juntos como ciudadanos. Tener o no discapacidad no debería excluirnos del uso del transporte público, de poder estudiar en una universidad, de ingresar al estadio nacional para disfrutar de un partido de fútbol, etc.

Un importante esfuerzo para equiparar con tecnología las diferencias que limitan y excluyen a las personas con discapacidad fue el realizado en Tel Aviv por «Access Israel», en el cual empresas presentan y especialistas discuten qué hacer para desarrollar productos que sirvan para reducir la brecha de la inequidad creando brazos robóticos, aplicaciones con subtítulos para el uso de las personas sordas, entre otros. Esfuerzos como éste que terminaron con una cena en la cual todas las personas experimentaron lo que significa comer, sin ver nada, con los ojos vendados, no son vanos; se trata de conocer por la experiencia, para poder sentir la discapacidad. Ponerse en el lugar de las personas con discapacidad es clave para acogerlos solidariamente, sin lástima.

El término correcto es persona con discapacidad. El uso de este término es un indicador de respeto que nos debería integrar porque elimina la barrera de la comunicación.

Toca ahora usar los términos correctos y ceder los tronos de superioridad por otros donde valoremos la diferencia como una oportunidad para construir un país inclusivo para todos los peruanos.

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