Doctor Bedoya, ¡gracias por todo!, por Federico Prieto Celi

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En una ceremonia en el salón de actos de la casona sanmarquina en el parque universitario, el doctor Luis Bedoya Reyes, al pasar a mi lado en el ingreso, me dijo de pasada: Gracias por todo. Yo acababa de escribir un artículo reconociendo sus cualidades humanas en un diario y Bedoya debió acordarse pero el tiempo no le permitió precisar más. Me gustó mucho lo que me dijo porque, recíprocamente, yo también le puedo decir: gracias por todo.

Le vi en la fundación de la democracia cristiana en Lima, donde su discurso ya se perfilaba hacia el centro derecha mientras que el de Héctor Cornejo Chávez hacia el centro izquierda. Yo, a mis quince años, aprecié más esos dos discursos, más directos, que los de otros fundadores ilustres, posiblemente más teóricos y doctrinarios. Desde entonces le he seguido en sus intervenciones políticas en el parlamento, el ministerio de Justicia, en la alcaldía de Lima, en la fundación del partido popular cristiano.

Diría que a ese hombre que se hizo solo, que ha destacado toda su vida, no ha tenido dos ‘defectos’: no ha sido demagógico y no ha sido aprovechado. Supo decir la verdad tal cual y supo poner antes el interés del Perú al suyo. Cuanto más ha ganado en autoridad moral más ha perdido en poder político. No ha dejado su estudio de abogados, como una boya profesional para no depender económicamente de la política. En eso, Lourdes Flores ha seguido su ejemplo.

El pueblo tenía una deuda con Belaunde en 1980 y la pagó con su voto. Pero el programa de gobierno de Bedoya era mejor. La sombra de Belaunde ha oscurecido el itinerario político de Bedoya y ha terminado por subordinarlo a él. Belaunde, con todas sus virtudes y capacidades personales, supo en el momento preciso hacer demagogia y tener ambición. Esa fue la diferencia. Yo diría que a Bedoya le faltaron políticos que se sacrifiquen como ‘segundos’ y que se jugaran por él hasta el final, para tener un presidente de lujo.

Muchos políticos admiran a la persona de Bedoya pero hacen oídos sordos a lo que dice. Ha escrito y ha declarado a favor de la libertad de Alberto Fujimori en varias oportunidades, también en la entrevista a Mariela Balbi. Ha dicho que ha purgado condena por cosas que han hecho otros. Ha afirmado que no entiende por qué tantos le tienen odio. Ha opinado que no debe terminar como Leguía. Ha aclarado que entiende que los jóvenes sean más duros con Fujimori porque la magnanimidad crece con la experiencia y con la edad. En fin, ha dicho que lo quiere ver en su casa con sus hijos y nietos. Pero los políticos responden: No se oye, padre.