El candidato es un producto, por Francisco Daza

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Es una costumbre en el Perú que las agrupaciones políticas se apoderen de las ciudades en época de elecciones. Sean elecciones municipales o presidenciales, los peruanos tenemos en claro que en un periodo de aproximadamente tres meses todo a nuestro alrededor estará cubierto de propaganda. Al punto que resulta imposible de evitar observar como la propaganda electoral invade nuestras calles. Campañas cuyo financiamiento requiere de una inversión mucho mayor a la remuneración que recibiría el alcalde y cada regidor; sin embargo, notamos una guerra entre marcas de tal intensidad que lo único que importa es el alcance y la frecuencia del “producto”.

Para los candidatos y los organizadores de sus campañas les es indiferente si sus paneles afectan nuestra visión en un tráfico ya caótico. A pesar de ser un problema que ellos mismos con tanto esmero prometen resolver. Por otro lado, tampoco se debe omitir la falta de seriedad en el contenido de estos. Mensajes populistas e inadecuados cuyo contenido carece de importancia con respecto a la elección y de toda seriedad que implica ocupar la alcaldía de Lima. Estos mensajes recurren a la futilidad como: “Ponja Sabe (Dietel Columbus)” o “Yo no te fallaré, yo no soy tu ex (Juan Landeo)”. La banalidad en la política no es novedad y cada limeño ha sido víctima de este tipo de “propaganda” desde los años 80’; sin embargo, su presencia en la actualidad solo demuestra una vez más que no sabemos cómo exigir una verdadera campaña electoral. ¿O será quizás que realmente no queremos eso?

Por otro lado, no solo son los abundantes paneles o los ridículos spots publicitarios lo que menosprecian a la ciudadanía sino también las movilizaciones políticas. Una estrategia que siempre ha caracterizado el panorama electoral en el Perú. Cada movilización implica realizar una marcha de gran duración con la mayor cantidad de personas sin importar la edad o las condiciones físicas de sus participantes. Vivimos en un país cuyos partidos políticos aún tienen la impresión de que al realizar estas movilizaciones incrementarán su popularidad. Asimismo, cabe mencionar los riesgos a los que la ciudadanía se encuentra expuesto en caso de una emergencia.  Situaciones indignantes como las que se logró contemplar en una de las últimas movilizaciones políticas del candidato a la alcaldía de Surco, Erick Castillo, al observar que la marcha le impidió el pase a una ambulancia. Un hecho que representa la falta de consideración de estos “productos” al ciudadano, donde es más importante celebrar y promocionar a un candidato que salvar una vida.

Un candidato necesita el respaldo de un partido político tal como un producto necesita ser promocionado por una empresa. Por ello debe existir una correlación entre el alcalde y el partido político por el cual postula. Es inmoral que el candidato no comparta los ideales del partido que está representando u omita la corrupción de estos; sin embargo, es muy común en el Perú. Siempre pueden existir desacuerdos entre personas al igual que críticas sobre alguna organización pero no es aceptable una contradicción de tal magnitud cuando se planea gobernar sobre otros. Un candidato debe querer lo mejor para el distrito/ciudad que gobernará, es lo mínimo que los ciudadanos deben exigir, entonces como es posible lograrlo si desde el inicio el partido político por el cual postulan no es el adecuado. Con respecto a este tema, presento los casos de tres partidos políticos: Solidaridad Nacional, Fuerza Popular y Podemos Perú.

Solidaridad Nacional, el partido político con mayor número de alcaldes detenidos de estas tres organizaciones, busca continuar gobernando Lima por otros cuatro años más bajo el liderazgo de Luis Castañeda Pardo. Un candidato quien cree que tener la experiencia suficiente para gobernar esta ciudad y alude a su padre por la gran gestión que ha realizado. Una gestión polémica que durante el fenómeno del niño costero fue responsable de gastar el 84% del fondo de emergencia de la ciudad para embellecer la costa verde, en la que laboraban funcionarios quienes no supieron reconocer la diferencia entre desplomarse y caerse. Sin tener que mencionar más de las faltas cometidas durante la gestión de Castañeda Lossio, es necesario analizar los peligros que implica esta agrupación política para la ciudad y cada distrito. Dentro de estos peligros resalta la candidatura de Augusto Miyashiro Ushikubo quien al igual que Castañeda Pardo busca seguir los pasos de su padre. Una candidatura que más allá de continuar con la dinastía Miyashiro en Chorrillos, utiliza los servicios municipales y sus trabajadores para realizar propaganda electoral. Un hecho que debe ser sancionado pero es ignorado por nuestras instituciones.

Luego se encuentra Fuerza Popular. En este ejemplo cabe mencionar la peculiar candidatura de Kary de Orlandini. Ex candidata de Solidaridad Nacional quien cuenta con una de las más grandes campañas políticas de Lima lidera la intención de voto en Surco, a pesar de todos los problemas de corrupción a los que Fuerza Popular se encuentra implicado. Una candidata con un curriculum envidiable, sin investigaciones previas y con la suficiente experiencia para dirigir el distrito; sin embargo, lo mismo no puede ser dicho por su partido. Su envolvimiento en Fuerza Popular no se debe mayormente a que comparta los ideales de este partido sino a las facilidades que le fueron brindadas por la agrupación. “En mi caso yo soy totalmente independiente, soy una invitada de Fuerza Popular. Fuerza Popular me da a mi toda la independencia para hacer mi plan de gobierno con las personas que yo elija. El partido a mí no me ha puesto ninguna condición”. (K. de Orlandini, comunicación personal, 1 de setiembre de 2018). Una de las mejores medidas que pudo haber realizado el fujimorismo con el fin de aumentar su popularidad y su presencia en estas elecciones municipales; sin embargo, es cuestionable postular por un partido con tantos escándalos y casos de corrupción. A pesar de tener toda la independencia para realizar una gestión municipal, un candidato debe creer en los ideales del partido por el cual postula y analizar la honradez de este. ¿Si es un partido corrupto que puede dañar mi imagen, por qué estar ahí?

Por último, esta el caso de Podemos Perú. Un partido fundado por el controvertido José Luna que busca sentar a Daniel Urresti en el sillón municipal. Un personaje cuya trayectoria política luego de ser ministro del interior parece estar en busca del mejor cargo político a su disposición. Al parecer no le fue suficiente ser eliminado de las elecciones presidenciales que ahora postula a la alcaldía de Lima. Sin embargo, a pesar de la trayectoria política del Sr. Urresti no es posible entender como un partido político nombra candidato a una persona quien ha sido investigada y acusada de asesinato. Actualmente este partido político se encuentra envuelto en un escándalo de falsificación de firmas, en las que el candidato Urresti respondió ante Canal N que las firmas “no son falsas, son inventadas”. Una extraña declaración que se asemeja a la popular frase “no se ha caído, se ha desplomado” con la excepción que esta acción involucra la falsificación de firmas de más de mil personas.

La burocracia en nuestro país es un problema que debe erradicarse y por ello es necesario aplicar nuevas medidas las cuales lo limiten. No se debe permitir que los candidatos coloquen letreros donde les venga en gana, realicen movilizaciones improvisadas y mucho menos utilizar servicios del estado para realizar propaganda. En un escenario utópico, el alcalde de la ciudad sería el encargado de decidir quienes ocupen los puestos distritales. Una medida que traería muchos beneficios a nuestro país y que es aplicado en otros países del mundo pero parece muy lejano de suceder en el Perú. Lamentablemente, nuestra realidad es otra y sin importar la grave crisis política por la cual atraviesa el país, los ciudadanos de Lima nuevamente vuelven a presenciar una campaña electoral vergonzosa; llena de populismo, insultos y espectáculos. Una campaña electoral en la que el candidato es un producto cuyo éxito depende de las estrategias que este emplee para “venderse”.  Sus herramientas más eficientes son la persuasión y la publicidad, este último requiere de gran inversión y es esencial contar con un partido político que le brinde apoyo y pueda financiarlo. No es relevante si aquella agrupación política está involucrada en temas de corrupción ni muchos menos su historial. Lo más importante es que el “producto” sea promocionado de la manera más eficiente.

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