El gobierno episcopal del cardenal Cipriani, por Federico Prieto

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Dejando de lado la clave política en el análisis periodístico, vayamos a la clave espiritual propia de la Iglesia católica. Bien sabemos que Jesucristo es Sacerdote, Profeta y Rey, como enseña el Catecismo (n. 783). Los obispos tienen, por ello, tres funciones bien definidas: orden, magisterio y gobierno. Así lo ha vivido el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne.

La facultad del orden episcopal consiste en administrar los siete sacramentos, especialmente la confirmación y el orden sagrado –ordenación de sacerdotes-, y en la celebración diaria de la santa misa. Así se fomenta el amor de Dios, se otorga la gracia divina a los fieles y se fomenta en los corazones la conversión y la caridad. Lo principal es vivir el amor de Dios sobre todas las cosas y fomentar en las almas ese amor a Dios, santificando las tareas ordinarias de la vida diaria. La promoción de las capillas de adoración al Santísimo Sacramento por el Cardenal Cipriani es una expresión -entre tantas- del fomento del amor de Dios en las almas dentro de la arquidiócesis de Lima.

La facultad de magisterio episcopal lleva a la predicación de la Palabra de Dios. Toda la palabra de Dios, recogida en la tradición cristiana y en las sagradas escrituras, desarrollada por los padres y doctores de la Iglesia, ampliada por el magisterio pontificio, también las encíclicas de la doctrina social cristiana. El Catecismo de la Iglesia católica es un tesoro de doctrina, que es expuesto constantemente en las homilías del pastor. Un ejemplo claro de magisterio es el programa radial y televisivo “Diálogo de Fe” de los sábados a las diez de la mañana, en RPP, desde donde tantas veces el cardenal Cipriani ha defendido la vida humana, el matrimonio y la familia.

Y la función de gobierno -potestad de jurisdicción es el término técnico-, consiste en llevar las almas a Dios. La acogida en Lima al Papa Francisco es una demostración gráfica del fruto de una inteligente tarea de preparación y de gobierno del cardenal Cipriani en la arquidiócesis limeña. El resultado fue un momento apoteósico, en el que millones de fieles cristianos afirmaron su fe católica, apostólica y romana, unidos en la esperanza, la virtud teologal que nos hace caminantes gozosos hacia Dios.

Después de más de treinta años de episcopado –once en Ayacucho y veinte en Lima- el cardenal Cipriani ha cumplido 75 años el 28 de diciembre pasado. Su labor ha sido intensa, abundante y fructífera. ¿Y el análisis político? No tiene importancia. Al fin y al cabo, le style est l’homme même, como escribió Georges-Louis Leclerc.

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