El Gotha y el Perú, por Amadeo-Martín Rey y Cabieses

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Antes y después del Descubrimiento y la Conquista el Perú fue una monarquía. Así ha sido durante siglos. Incluso después de la Emancipación de la metrópoli hubo intentos de que el territorio peruano siguiera siendo una monarquía. Bernardo Monteagudo, ministro de Estado, fue el principal propulsor de la idea. Para ello José de San Martín envió a James Paroissien y Juan García del Río, miembros del Consejo de Estado, con el fin de encontrar a un príncipe católico que pudiera reinar en el Perú y que contara con el respaldo de la Gran Bretaña. Se pensó en el príncipe Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, que tras ofrecérsele también el trono griego, acabó siendo el primer rey de los Belgas; también en el príncipe Augusto de Hannover, duque de Sussex, conde de Inverness, barón Arklow, noveno hijo del rey Jorge III de Inglaterra –quien por cierto era también Rey de Hannover-, y en un Borbón, Carlos Luis, Duque de Lucca, sobrino de Fernando VII. Sin embargo, éste obstaculizó esos proyectos pensando en una futura reconquista de los territorios americanos perdidos.

En 1823 el limeño y gran mariscal José Mariano de la Riva-Agüero y Sánchez-Boquete fue presidente de la República del Perú. Era hijo de José de la Riva-Agüero y Basso della Rovere, caballero de la Orden de Carlos III, como lo fue luego su hijo, y de María Josefa Sánchez-Boquete y Román de Aulestia. El 26 de julio de 1826, siendo sucesor inmediato del marquesado de Montealegre de Aulestia, José Mariano casó en Bruselas con la princesa Carolina Arnoldina Irene de Looz-Corswarem, perteneciente a una de las más importantes familias de la nobleza belga. Su padre, el duque Carlos Luis Augusto Fernando Manuel de Looz-Corswarem, príncipe del Sacro Romano Imperio, príncipe de Looz-Corswarem y de Corswarem Looz, príncipe de Rheina-Wolbeck, era caballero del Toisón de Oro y grande de España.

Escudo de la Familia Looz Corswarem.

Este temprano matrimonio entre un peruano y una princesa europea, dejó con el tiempo de ser una excepción. En efecto, el 27 de julio de 1872 María Isabel Álvarez-Calderón y Flores-Chinarro, hija de los riquísimos Condes de Álvarez-Calderón, casó con Domenico Rosso Paternò Castello, príncipe de Cerami, barón della Torre e Mendola. María Isabel, que llegó a ser dama de la reina Margarita de Italia, era hija de Andrés Álvarez-Calderón y Olaechea y de Agustina Flores-Chinarro y Guerrero, cuyo magnífico retrato de cuerpo entero se encuentra hoy en día en la Colección José Cabieses. Un nieto de este matrimonio, Domenico Ruggero Rosso, príncipe de Cerami, casó el 4 de marzo de 1934 con su pariente peruana Luz Álvarez-Calderón y Flores, hija de Carlos Álvarez-Calderón Roldán y de Filomena Flores Ortega. También Antonio Rosso, barón de Cerami, casó en París el 29 de diciembre de 1883 con la limeña Elvira Mercedes Oyague y Soyer, hija de José Vicente Oyague Coello y de Isabel Soyer y Lavalle.

Ya en el siglo XX, se empezaron a prodigar los enlaces entre grandes familias principescas o reales europeas con peruanos. El 25 de agosto de 1940, en Estoril, contrajo matrimonio civil el príncipe Ernesto zu Hohenlohe-Schillingsfürst con Consuelo Eyre Valdeavellano, que aunque nacida en Londres era hija de la peruana Eva Angelina Valdeavellano y Canaval y de William Stephan Eyre Grace. Eran las segundas nupcias del príncipe y se celebraron de modo religioso el 6 de marzo de 1942. No sería el único matrimonio de una Valdeavellano con un príncipe alemán. La madre de la novia, era hermana de Gastón Valdeavellano y Canaval, cuya hija Juana Valdeavellano Otero casó con Norberto Herrera Carrasco. Su hija Eva María Herrera Valdeavellano contrajo matrimonio en 1959 con el príncipe Carlos Francisco José de Prusia, nieto del emperador Guillermo II de Alemania. Eran las terceras nupcias de ese príncipe. De su primer matrimonio con la princesa Enriqueta de Schönaich-Carolath nació mi buen amigo el  príncipe Francisco Guillermo de Prusia, que vive en Madrid y fue marido de la gran duquesa María Wladimirovna de Rusia, Jefe de la Casa Imperial rusa, y padre del actual heredero imperial. Alexandra y Désirée de Prusia, hijas de Carlos Francisco José y de la citada Eva María Herrera, son limeñas y casaron con limeños: Juan Alberto Reboa Devoto, médico traumatólogo -enlace celebrado en la capilla de San Miguel Arcángel del Castillo de Hohenzollern-, y el embajador del Perú Juan Carlos Gamarra Skeels, casado en la basílica de la Virgen del Pilar de San Isidro, Lima.

Al igual que Alessandra de Osma Foy se casa ahora con el hijo del Jefe de una Casa Real europea, también en el siglo XX Lima fue escenario de la boda de la hija del Jefe de otra Casa Real europea, la de Baviera, con un peruano, aunque nacido en Iquique y de ascendencia británica por su padre. En efecto, uno de los matrimonios más notables celebrados en la catedral de Lima, el 12 de febrero de 1949, fue el de la princesa Hilda de Baviera, dama de la Orden bávara de Santa Teresa y de la Orden de Santa Isabel, con Juan Bradstock Edgard Lockett de Loayza, cónsul honorario del Perú en Regensburg. Hilda fue hija del príncipe Rupprecht de Baviera, príncipe heredero y Jefe de la Casa Real de Baviera, amén de duque de Baviera y conde Palatino del Rin, y de la princesa Antonia de Luxemburgo, princesa de Nassau.

Un año antes, Enrique E. Laroza Bull, diplomático, embajador del Perú en Bucarest, cónsul general del Perú en Barcelona y en Estocolmo entre otros destinos, contrajo matrimonio en Praga en 1948 con Olga Elizabeth von Daubek, hija de un noble industrial y hacendado bohemio, Josef Franz, caballero von Daubek, y de la condesa Olga von Dietrichstein-Mensdorff-Pouilly. Ésta era de Hugo von Dietrichstein, II príncipe von Dietrichstein zu Nikolsburg, conde Mensdorff Pouilly, caballero de la Orden del Toisón de Oro y consejero del emperador Francisco José de Austria.

Algo más tarde, Manuel d’Ornellas Suárez,  periodista, abogado, embajador del Perú en misión especial en Argentina y Uruguay hijo del peruano Manuel d’Ornellas Pardo, barón de Ornellas, y de Pilar Suárez de Salazar, casó en Río de Janeiro el 26 de febrero de 1960 con la princesa Mónica Radziwill Czartoryska, hija del príncipe Wladislaw Radziwill y de la princesa Anna Maria Czartoryska, ambos pertenecientes a las más antiguas e importantes familias de la nobleza polaca. Citaremos, por venir al caso, el matrimonio del conde polaco Estanislao Potocki, ya fallecido, con mi buena amiga la peruana Rosa Larco de la Fuente, actual condesa Rosa Potocka, una de las damas más celebradas de la alta sociedad de Lima.

Ya a finales del siglo XX una dama de ascendencia peruana, María del Carmen de Escandón y Pardo, se convirtió en suegra del príncipe Richard Casimir zu Sayn-Wittgenstein-Berleburg al casar éste el 6 de septiembre de 1980 con la condesa Louise (Lille) Batthyány de Német-Ujvár, hija de Sigmund, conde Batthyány de Német-Ujvár, y de la citada María del Carmen, hija de Manuel de Escandón y Salamanca, marqués de Villavieja, y de María del Carmen Pardo Heeren, hija ésta de José Pardo y Barreda, Lavalle y Osma, dos veces presidente de la República del Perú, y de Carmen Heeren y Barreda, hija ésta de Ignacia Barreda y Osma. Digo esto para subrayar la constante presencia del linaje Osma en lo más elevado de la sociedad peruana.

Años más tarde, la princesa Isabel de Yugoslavia, hija del príncipe regente Pablo de Yugoslavia y de la princesa Olga de Grecia y Dinamarca, y madre de la actriz Catherine Oxenberg, casó en segundas nupcias en Lima el 28 de febrero de 1987 con Manuel Ulloa Elías, presidente del Consejo de Ministros, presidente de la Cámara de Senadores y Ministro de Economía y Finanzas del Perú, cuya tercera esposa había sido la argentina Isabel Zorraquín, madre de Isabel Sartorius, quien durante un tiempo fue novia del actual rey Don Felipe VI de España.

Isabel de Yugoslavia.

Estos son algunos ejemplos a los que ahora se viene a sumar el de Alessandra de Osma Foy, casada en Lima el 16 de marzo de 2018 con el príncipe Christian de Hannover, hijo del príncipe Ernesto Augusto de Hannover, Jefe de esa Casa Real, y de Chantal Hochuli e hijastro de la princesa Carolina de Mónaco. Desde estas líneas les deseo toda felicidad.

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