El tráfico cambió su vida, por Alfredo Gildemeister

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De un tiempo a esta parte, ya nadie puede negar que el tráfico en Lima está cambiando su vida. El tráfico de Lima hace unos diez o quince años era una cosa y hoy es otra. Es incuestionable que cada año el tráfico es cada vez mas intenso y desordenado, cambiando definitivamente, guste o no guste, la vida y costumbres de los limeños. Un ama de casa si hace unos años salía media hora antes a dejar a sus hijos en el colegio, hoy tiene que levantarse de madrugada, a oscuras, salir a manejar medio dormida, despeinada y soñolienta un par de horas antes de la hora de entrada del colegio, puesto que de otra manera sus hijos y los otros niños que lleve no llegaran a tiempo. Uno puede apreciar a las movilidades escolares, conducidas por unas trasnochadas madres de familia, prácticamente recién levantadas -algunas conducen literalmente en pijama- conduciendo medio dormidas sus vehículos con varios niños dormidos o semidormidos en los asientos de sus camionetas. Cabe mencionar que también se pueden apreciar algunos legañosos y furibundos padres de familia al volante. Mas curioso aún es ver como los niños y niñas llegan al colegio ¡una o dos horas antes que se abran las puertas del colegio! con lo cual son literalmente abandonados “in situ” -casi arrojados de sus camionetas- puesto que, de otra manera, la señora o el señor no llegará a tiempo a su trabajo. Lo mismo si de deja al estudiante en la universidad.

Todo ello hace que las costumbres de las personas hayan cambiado. Siempre que viajo a Estados Unidos, no deja de llamarme la atención, como uno puede apreciar hermosos autos y camionetas último modelo circulando por doquier. Sin embargo, si uno sube a uno de estos modernos automóviles podrá apreciar lo siguiente: restos de comida (hamburguesas, hotdogs, pizza o huesos de pollo) en bolsas de papel en el piso del auto; zapatos deportivos o de vestir bajo el asiento; vasos descartables de cartón o latas de gaseosa o botellas de agua en el posavasos, así como algo de ropa, vestidos, ternos completos y corbatas en sus colgadores, polos, ropa deportiva e inclusive desodorantes, chicles para el aliento, perfumes o agua de colonia; dependiendo del clima: botas de nieve, abrigo o casaca, guantes, entre otras cosas. ¿A qué se debe esto? ¡A que las personas acostumbran a pasar o a “vivir” gran parte del día en su auto! ¿Por qué sucede esto? Pues porque emplean varias horas del día tanto para ir como para regresar de sus trabajos, en hora punta (“rush hour”). De allí que aprovechen, mientras están en el auto, de comer, maquillarse (las mujeres), arreglarse, vestirse y hasta trabajar en el auto. Este fenómeno o clase de “vida humanos – vehicular” también se viene dando en Lima en donde todas las mañanas y en las tardes noches, podemos apreciar como la gente “vive” en sus autos mientras manejan.

De esta manera podemos apreciar a hombres y mujeres que cual oficina con ruedas, van despachando asuntos, hablando por el celular, mientras manejan o hacen un alto en un semáforo o en un cruce. ¡Es el momento ideal para enviar un correo, un mensaje o ver los correos o hacer alguna “importante llamada”! No falta ver como una hermosa dama se va transformando, peinándose y maquillándose cuadra a cuadra, mientras una señorita policía decide buenamente después de unos largos quince o veinte minutos, dar pase a los vehículos. Esto se puede apreciar en ciertas calles y avenidas de Lima como el cruce de Rivera Navarrete y Javier Prado, en donde uno puede tomar desayuno durante diez o quince minutos, apagando el motor de su auto por supuesto, hasta que la señorita policía buenamente decida terminar de hablar por el celular o darse cuenta que ha originado todo un despelote de trafico por su culpa. Lo mismo ocurre en la subida de la Vía Expresa para Juan de Arona viniendo de Miraflores, en donde la cola de vehículos baja por la referida Vía Expresa y se extiende casi hasta el siguiente puente, con el colapso que todo ello origina en dicha Vía. Todo este “tiempo de espera” es aprovechado al máximo por los conductores, para despachar “importantes asuntos” desde el automóvil, desde enviar correos, leer el periódico, hasta comerte un buen trozo de sandía que venden los ambulantes al paso.

Esa es la vida del “homo vehiculum” u “fémina vehiculum” en la Lima de hoy. Seres que la vida y el espantoso tráfico limeño ha ido transformando y obligando a vivir y cuasi pernoctar dentro de su vehículo o automóvil pasando buena parte de su día -de cuatro a ocho horas al día- viviendo literalmente dentro de su vehículo. Y no es que uno sea taxista o chofer de combi. A ello debemos agregar una buena dosis de mal humor, agresividad llegando hasta el odio visceral, violencia, stress y gran capacidad de insultar al conductor del otro vehículo hasta el éxtasis -en especial si se trata de un taxi, combi, micro o Tico los cuales tienen licencia para hacer lo que les da su regalada gana ante la cara impertérrita de los policías de tránsito-. De allí que, si usted cree que esa mujer o ese hombre o esos hijos objeto de sus amores, cambiaron su vida, se equivoca. Es el espantoso y caótico tráfico de Lima el que en realidad está cambiando su vida. Acéptelo: Usted se ha vuelto un “homo vehiculum” o una “fémina vehiculum” al volante. Y por el momento, no hay manera de evitarlo. Sólo nos queda invocar a todos los santos para que nos regalen mucha paciencia o matricularse en un curso intensivo de Tai Chi. Un último consejo: nunca se acerque al esposo o esposa que, cual energúmeno (a), llega a su casa al final de un arduo día de tráfico y trabajo. Déjelo (a) que repose un tiempo. De lo contrario se arrepentirá. Recuerde que un “homo vehiculum” y peor, una “fémina vehiculum”, nunca debe ser perturbado (a) ni cuando maneja… ni cuando llega a su hogar. Usted puede morir literalmente acuchillado… Definitivamente, el tráfico cambió su vida.

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