Elecciones anuladas: ochenta años atrás, por Luis Eguiguren

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Culminado el cuarto periodo ininterrumpido de elecciones democráticas,  conviene recordar los 80 años de la anulación de las elecciones de 1936: una vejación de la majestad del pueblo peruano. Había ganado el destacado abogado e historiador sanmarquino Luis Antonio Eguiguren Escudero. Quien había ejercido la Alcaldía de Lima entre 1930 y 1931, además de la Presidencia del Congreso, entre 1931 y 1932.

El 21 de octubre de 1936, los escrutinios —iniciados el 11 del mismo mes— se interrumpieron arbitrariamente, por orden del Gobierno. El Congreso de 1931, que ya había terminado legalmente sus funciones, se reunió para dar una “ley” anulando los comicios en los que se elegía a los nuevos legisladores. Después de esto ese Congreso, se autodisolvió, prorrogando, por tres años más, el gobierno —dictadura— de Oscar R. Benavides, hasta diciembre de 1939. Benavides ya gobernaba, designado por el mismo Parlamento, desde el 30 de abril de 1933, cuando fue asesinado Luis M. Sánchez Cerro.

En las elecciones inmediatamente anteriores, de 1931, Luis A. Eguiguren presidió las Juntas Preparatorias, pues obtuvo la máxima votación entre los congresistas elegidos (él representaba a Lima). Luego, fue elegido Presidente del Congreso Constituyente, que inició sus funciones el 8 de diciembre de 1931.

Luis A. Eguiguren era amigo de Sánchez Cerro, de la infancia; pero, las presiones que éste recibió ante sucesos de desorden público, le hicieron exigir al Congreso que aprobara (enero de 1932) la llamada ‘Ley de Emergencia’: una verdadera aberración jurídica, como lo sostuvo siempre el legítimo presidente del Congreso, L. A. Eguiguren, quien se opuso firmemente a ella.  Sin embargo, se aprobó en su ausencia y sin el quórum reglamentario.

Esgrimiendo esta ley, el gobierno violó la inmunidad parlamentaria y, usando la fuerza pública, apresó a 23 congresistas de la oposición y los deportó. El Congreso siguió sesionando mutilado, pese a la protesta de su Presidente. Poco después fue Luis A. Eguiguren fue censurado por los congresistas y se vio obligado a pedir asilo diplomático, a finales de mayo e inicios de junio de 1932 —año de la barbarie— ante la persecución que sufrieron él y su familia.

Este Congreso de 1931, a instancia de Benavides, anuló las elecciones de 1936. La noche del 21 de octubre de 1936, la casa de Luis A. Eguiguren, en Chorrillos, fue asaltada por la llamada ‘soplonería al servicio del gobierno’. Incendiaron su valiosa biblioteca de humanista, historiador y jurista; y, en noviembre, lo privaron de su libertad, obligándolo a permanecer en su domicilio por tres años.

Ochenta años después, de estos sucesos ominosos para la legalidad en nuestro país, esperamos mejores tiempos: de respeto a las leyes y a las instituciones democráticas.

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