Esa organización criminal, por Eduardo Herrera

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Aquella frase, guardada bajo siete llaves, y que antes solamente era conocida por quienes se dedicaban al derecho penal, es hoy un término común para todos los ciudadanos que vivíamos en la oscuridad legislativa.

Un paréntesis acerca de algo que sí podría celebrar a propósito de lo referido es que hoy, a diferencia de tiempos pasados, nos estamos instruyendo más en lo que pasa en la judicialidad peruana. Felizmente nos estamos instruyendo. Ojalá lleguemos a conmovernos con el drama de miles de peruanos y forcemos la pronta reforma. Nada más.

Volviendo al punto inicial, creo que ya está meridianamente claro. Una organización criminal es un grupo de varias personas con una misión delictiva. Nos reunimos exclusivamente para cometer delitos de forma sistemática; con roles, con funciones, con objetivos. Un partido político per se no es una organización criminal, pero podría ser usado por un grupo de personas que sí se dedican a la ilicitud de manera permanente y habitual. En esa hipótesis, la actividad política, por ejemplo, sería claramente ficticia.

Esto no nos debe de llevar a confundir que todo grupo de personas es una organización delictiva. Podría tratarse perfectamente de un caso de complicidad. Cuando varias personas se ponen de acuerdo para cometer un solo delito.

Los entramados de intervención de varias personas y la comisión de delitos pueden presentarse en distintas organizaciones: partidos políticos, asociaciones, empresas. Repito, no siempre podrá decirse que son organizaciones delictivas.

Lo antes mencionado no nos debe de llevar a la irresponsabilidad de quienes dirigen la organización como se ve cotidianamente en alegaciones muy respetables, pero falaces. Es decir, si tú eres cabeza de una entidad, no puedes decir -alegremente- “yo no sabía de eso”, “yo no me ocupaba de aquello porque había personas encargadas” o el ya clásico “me sorprendieron”. No, esa manera de hacerse el loco no tiene validez. No en sentido jurídico, tampoco en sentido lógico.

Si estás “arriba” debes ejercer control, vigilancia y supervisión “hacia abajo”. Hacerse el desentendido no es suficiente porque válidamente podría interpretarse que es una forma de aceptación tácita, como aquel famoso dicho, popular en muchas organizaciones: “tráeme resultados, no me traigas problemas”. La implícita orden para hacer lo que sea necesario.

En suma, si bien no todo es crimen organizado, el desmarque institucional no es suficiente. La responsabilidad es un péndulo oscilante que en cualquier momento se puede detener.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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