Ética sanisidrina, por Eduardo Herrera Velarde

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No va a ser este artículo un apanado más al individuo que protagonizó el “escandalete” de moda en los círculos de San Isidro. Menos aún una defensa, directa o indirecta, del mencionado personaje.

Me preocupan varios aspectos circundantes al hecho en concreto.

Primero, se confunde ética y legalidad cuando son cosas distintas y no necesariamente coincidentes. Perfectamente puede existir una norma legal que no sea ética y que incluso sea contraria a la justicia. Por ejemplo, aquella ley que obligaba a entregar -en la época nazi- a todos los judíos para que sean exterminados era claramente injusta y anti-ética.

Segundo, también parece existir una confusión entre ética y reputación. La pregunta del millón entorno al incidente sobre esta beligerancia ¿las empresas involucradas con el individuo cuestionado hubieran generado tanto aspaviento si el hecho no hubiera sido publicitado?

Pero lo que más me preocupa es la carencia de visión periférica del asunto. Estos hechos señores, se repiten en todo Lima, en todo el Perú, en diferente escala, en distintos contextos y con también diferentes personajes.

Estamos viviendo un estado de salvajismo y parece no existir reparo.

No necesitamos ahora una ley que prohíba todo, necesitamos recuperar la conciencia de aquellas normas inmateriales que estamos dejando de lado como el respeto, la tolerancia, la honestidad (que no abarca las medidas verdades ni las post verdades), etcétera. Es crucial también -en este marco- mirarnos al espejo y ver de qué manera nosotros mismos somos autores de hechos semejantes y más: escribir por celular mientras manejamos, circular en moto por las veredas, comprar discos o libros piratas. No hace falta tener una norma que nos diga que eso es incorrecto, todos lo sabemos.

En los feudos sanisidrinos la avalancha moralina es moneda corriente en este tipo de circunstancias. Sin duda alguna el reproche social es un excelente elemento para cambiar conductas y estigmatizarlas convenientemente para señalar lo que consideramos incorrecto (también debe servir por cierto para señalar lo positivo). Esto está por empezar y solamente será genuino si somos coherentes. La ética no pertenece solo a San Isidro, pertenece a la humanidad; por eso cuando no la aplicamos ya sabemos en qué nos convertimos.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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