Familia que debate vota correctamente, por Verushka Villavicencio

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Un recuerdo de mi infancia es la mesa del desayuno del domingo con mis padres y hermanos mayores conversando sobre política. Cada opinión era valorada en comunidad y todos teníamos la opción de expresar nuestras ideas. Cuando no había acuerdo en el debate, todos me miraban y me hacían una pregunta que hoy identifico como un cuestionamiento moral cuya respuesta apelaba a los valores básicos. Era la más pequeña de la familia, pero no por eso mi opinión era invalidada, al contrario, mi familia comprendía que siendo tan pequeña mi respuesta era libremente honesta.

Para mis padres y hermanos,  representaba la clave de la esencia de lo que se discutía. En mi mente están los rostros de sorpresa, entusiasmo y aprobación así como las mejillas sonrojadas y las risas cuando se terminaba la sobremesa del desayuno dominical. En nuestra familia, se incentivó el debate abierto y la exposición de ideas. Hoy, ¿cuántas familias cultivan este hábito en casa? ¿cuántos padres incentivan a sus hijos a opinar e investigar? ¿por qué no formamos nuestras propias opiniones después de comparar la información? ¿por qué al crecer elegimos a políticos corruptos para que nos gobiernen votando por el mal menor?

Acaba de aprobarse el Decreto Legislativo N°1408 para el fortalecimiento y la prevención de la violencia en las familias, que establece que todas las personas tienen “el derecho de vivir en familia” teniendo como función de la familia “el afecto”. El afecto es concebido como la forma de “transmitir, reproducir y promover vínculos de afecto entre las personas que integran las familias, esenciales para su formación, adquisición de habilidades emocionales, consolidación de su autoestima, autoconfianza y realización personal”. Este decreto apuntaría a la obligación de las familias de generar vínculos sanos, pero sobre todo, a que cada integrante aprenda a dar afecto.

El afecto es una muestra sincera de cariño pero también de aceptación hacia el otro, aunque su opinión pueda ser divergente a la nuestra. Si demostramos afecto a un niño, éste crece sintiéndose seguro de sus opiniones. El afecto es el paso que genera confianza en nuestra capacidad para dar a conocer nuestros criterios y sustentar ideas. Sin afecto, el aprendizaje se podría limitar a la suma de conocimientos que sirven sólo para el beneficio personal, pero sin un ideal más elevado, hacia el bien común. ¿Cuántos intelectuales conocemos que cedieron a la corrupción?

Justamente cuando el afecto se minimiza se da paso a un escenario que puede propiciar la violencia familiar que ha sido catalogada por la Naciones Unidas como “el crimen encubierto más frecuente del mundo”. La violencia familiar es considerada como “todo acto, omisión o abuso que constituya una expresión asimétrica de uso de poder en el seno de las relaciones familiares, generando situaciones que afectan la integridad física, psíquica, moral, y sexual de los sujetos, acotando su libertad y lesionando sus derechos”.

De hecho, las cifras de violencia familiar en el país dan cuenta -sólo en el mes de agosto-, de 9,602 casos de violencia psicológica de los cuales 4,624 son atenciones a víctimas, cuyos agresores son su pareja o pertenecen a su entorno familiar, según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. Estas cifras ejemplificarían que dentro de las familias no se practica la tolerancia y el respeto hacia el otro. El paso a la agresión física da cuenta de una incapacidad de resolver el conflicto usando la razón. Si extrapolamos esta conducta, podríamos anticiparnos a pensar que elegimos a políticos populistas porque nos identificamos con sus formas de actuar y de expresar ideas que conllevan un discurso que no es tolerante con la diferencia.

El nuevo decreto legislativo propone la creación de un “Servicio integral especializado para la prevención de la violencia en las familias” con 8 ejes estratégicos. Uno de ellos es la “promoción de una cultura de diálogo y medios alternativos para la solución de conflictos”. En este eje está la clave para que dentro de la familia se incentive el diálogo y la discusión de ideas ejercitando la tolerancia ante opiniones divergentes. La competencia de la creación de este servicio es a nivel nacional regional y local.

Familias donde se formen ciudadanos tolerantes, con opiniones informadas, capaces de liderar sus propias vidas, serán la cuna para los ciudadanos que sepan elegir a políticos con experiencia y honestidad. En época electoral, frente al bombardeo de fake news y discursos populistas, sólo el debate familiar puede dar luces para elegir correctamente al futuro alcalde de Lima y a los alcaldes distritales.

 

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