Feliz día del abogado, por Eduardo Herrera

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Cada quien celebra su vocación como mejor le parezca. En el Perú, para variar, ayer se celebró el día del abogado y habría que preguntarse cuál es el rol del colectivo “abogado” o cuál es la imagen (valoración) que tiene la sociedad de esta profesión.

Más allá de los chistes perversos, como ese que te subraya la diferencia entre un buitre y el abogado, la distancia con lo que sucede en la realidad parece no ser muy grande. Tenemos, y usted puede corroborarlo, de todo como en botica. Sin embargo, para el “análisis de coyuntura” siempre presente, tendremos que decir el abogado es el elemento común de la reciente tragedia nacional: la corrupción.

Esto no quiere decir que todos los abogados sean (o seamos coimeros), no, también los hay de los respetables. Pese a ello los hechos sin duda demuestran que, si existen un “arreglo” o una “aceitada” en el sistema de Justicia, es porque un abogado lo permite (Juez, Fiscal o a veces un Policía-abogado) o un abogado como tal, lo hace. Y como la autorregulación no ha sido una meta fácil de alcanzar, hay que mirar a nuestro gremio: los colegios de abogados.

Salvo muy pocas personas, no he encontrado a un solo coleguita que me diga algo bueno del Colegio de Abogados de Lima. Logramos lo que parecía imposible: que todos los abogados estemos de acuerdo.

La institución está caduca, no representa a nadie, no hace nada relevante y solo intenta salvarse con vida por la bendita colegiatura obligatoria. En realidad, no necesitaríamos el Colegio para nada más. Es una aduana, forzada.

Seguramente el “deber ser”, a estas alturas es odioso. Pese a ello pienso que Colegio debe de ser inventarse urgentemente -ojo no es solo responsabilidad de esta gestión-. Lo primero es reducirse y no pretender ser un “para” Estado (porque da seguridad social, por ejemplo). Buscar regular al abogado, entendiendo que es una profesión de mucho impacto social y, finalmente, dar prestigio (valor) a sus miembros impulsándolos para que estos puedan conseguir más y mejor calidad de labor.

Como en muchas situaciones de la realidad en nuestro país pese a ya tener un diagnóstico certero se sigue postergando el cambio de las cosas; como sucede -por ejemplo, hablando de abogados- respecto al sistema de Justicia que, salvando las distancias, sigue siendo más de lo mismo en términos generales, más allá de algunas refacciones cosméticas. Ha transcurrido otro año más y pienso que no hay nada que celebrar.