Figura presidencial de Martín Vizcarra, por Federico Prieto Celi

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El discurso del 28 de julio ante el Congreso presentó a un presidente Martín Vizcarra seguro en su papel de jefe del Estado, dispuesto a desafiar opiniones divergentes, planteando las suyas con claridad. En su descripción de los distintos sectores, marcó una continuidad con Pedro Pablo Kuczynski, sin decirlo, al afirmar que seguirá con las obras iniciadas, mencionándolas, culminando las que se puedan terminar antes de su entrega del mando. Es razonable. Dejando claro que se trató de un discurso de dos horas y positivo en términos generales, demostrando que ha tomado las riendas del gobierno central, señalo algunos puntos que merecen matices.

1. El referendum. Estoy de acuerdo con la vía elegida, arriesgada y audaz, pero que marca firmeza presidencial, con las siguientes observaciones:

a) el nombramiento y retiro de jueces y magistrados tendrá una mayor o menor eficacia, al margen del método para hacerlo, si la calidad moral de los integrantes se eleva sustancialmente. De lo contrario, hecha la ley, hecha la trampa.

b) Reconociendo que el país está dividido en el tema, la creación de un Senado de treinta miembros, recortando dicho número de lo que sería la Cámara de Diputados, no me parece mal, siempre que el presupuesto del Congreso no solamente no aumente sino que disminuya porque es excesivo. El Senado puede servir para que cada departamento tenga un senador y Lima unos cinco, si en total son treinta.

c) La no reelección de parlamentarios es un error, que no saldrá adelante. El Perú tiene un bajo porcentaje de reelección parlamentaria. Hay algunas figuras que valen como parlamentarios y no debemos perderlos, son difíciles de encontrar.

d) Soy partidario del fortalecimiento de los partidos y de su rol sustancial en la democracia, pero enemigo radical de financiarlos con dinero público, en un país como el nuestro, lleno de necesidades apremiantes, especialmente en la salud pública, como el mismo mandatario ha señalado.

2. Una ley de política nacional de igualdad de género es una barbaridad, sin duda introducida en el discurso presidencial por las feministas de turno. En ese punto, el presidente se enfrenta a la oración patriótica del cardenal Juan Luis Cipriani, que apenas unos momentos antes había defendido al niño por nacer, el derecho a la vida, el matrimonio, la familia, los hijos. Es decir, todo lo contrario de la igualdad de género, salvo que Martín Vizcarra no se haya molestado en estudiar lo que tal frase significa. En esta materia, el gobierno se enfrenta al criterio cristiano de la vida, sea enseñado por la Iglesia católica y por las iglesias libres.

3. Concentrar la lucha contra la corrupción en el poder judicial es una tarea inmensa, tanto para quienes lo integran cuanto para quienes desde afuera pueden hacer algo para colaborar. Temo que los espectáculos parlamentarios y las noticias amarillas de los medios de comunicación, si bien nos tienen al día de los escándalos de corrupción política, no facilitan en el fondo que se haga justicia, porque el Congreso y la opinión pública no son el foro de administración de justicia. El gobierno central ayudará en la medida que impulse el buen funcionamiento del poder judicial y, a su vez, sepa impulsar los trabajos de los ministerios sin nuevos casos de corrupción, para que la sociedad peruana retome el camino del desarrollo, al menos con el 4% de crecimiento que señaló el presidente en su discurso.

Recomiendo la lectura del libro “Estados homogéneos y Estados Diversos. El Caso Peruano” de Arturo Seminario Dapello; y el libro del general Francisco Morales Bermúdez “Mi última palabra. Testamento político” , presentados ambos en la actual Feria del Libro, porque uno y otro reflexionan sobre la realidad política peruana, que el discurso presidencial ha puesto sobre la mesa en Fiestas Patrias.

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