Francisco Félix Caballero nos sorprende con una caricia para el alma: Popsia [ENTREVISTA]

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No es muy frecuente conciliar las matemáticas con la escritura. Pero lo hizo Ernesto Sábato, el escritor argentino en su libro de memorias, “Antes del fin”. Replicó su ejemplo Guillermo Martinez, ganador del premio Planeta 2003, y entre otros, Lewia Carroll, el inglés conocido por su obra: “Alicia en el país de las maravillas”. Hoy el malagueño Francisco Félix Caballero, irrumpe en el escenario literario con dos títulos contundentes: “La resurrección de los muertos” (Éride, 2015), y “Popsía” (Playa de Ákaba, 2017)  Dos portentosas antologías poéticas que dan cuenta del poder de los versos en el autor.  Francisco es un joven Licenciado en Matemáticas graduado en la Universidad de Málaga y Doctor en Estadística e Investigación Operativa por la Universidad de Granada. Él  añade a sus poemarios esa huella personal que evidencia el carácter y la proyección de su obra según sus latidos, y los obsequia al mundo haciendo gala de un genio genuino. El diario Lucidez,pe fue a su encuentro y nos concedió la siguiente entrevista: 

¿Qué causa, motivo o circunstancia conminó a un Licenciado en Matemáticas y Doctor en Estadística al mundo de las letras?

En mi caso, escribir era algo que venía haciendo desde pequeño. Para mí era algo natural, una característica que llevaba ligada a mi vida. Las oportunidades de publicar han venido después, una vez que ya tenía una trayectoria profesional ligada a las Matemáticas y a la Estadística, pero la literatura es algo que me ha acompañado siempre, principalmente como lector y ahora eventualmente como autor. Me siento cómodo en ambas disciplinas y mentiría si no dijera que me siento orgulloso de mostrar esa polivalencia entre números y letras. Al fin, no son tan distantes entre sí como podría parecer y se trata solo de poner la misma ilusión ante una ecuación que frente a un verso. Lo importante es sentir, da igual la disciplina.

La resurrección de los muertos”, podría interpretarse como la resurrección de los versos ¿Cuánto de Francisco Félix Caballero le prende la luz a las musas de la poesía?

Yo siempre digo que cuando escribo cuento historias. Algunas son personales, otras son observadas y otras simplemente ficción. “La resurrección de los muertos” era un libro que era un compendio de esas situaciones. Algunas eran personales y otras una crítica global a una sociedad que te aísla si no cumples una serie de códigos y patrones. Siempre me he negado a formar parte de un grupo porque sí, soy más del “uno contra uno” y de conocer a cada persona por separado. Eso quizás hace que cuando escribo me dirija personalmente al lector, pero al lector entendido como una entidad individual. Busco siempre esa cercanía a la hora de escribir, dirigiéndome en concreto a una persona. Hay casos en que lo que digo lo digo en primera persona, ¡pero eso se lo dejo al lector para que lo adivine y especule!

¿Qué autores nutrieron tu yo poético?

Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández, Benedetti… Quizás esos cuatro sean para mí (ojo, para mí) los fundamentales. Pero también hay versos de Alberti, Neruda, Manuel Machado, Espronceda, que se me vienen continuamente a la cabeza.  Conforme contesto, me doy cuenta de lo difícil que es dar una lista. Algo de Rubén Darío y Pilar Paz Pasamar, también hay. Y un par de libros que siempre me llevaría a cualquier parte: Romancero gitano y Campos de Castilla.

¿Cuál fue la causa de iniciar la antología poética con un poema denominado Preludio, tal vez el poema introductorio que dicho sea de paso, es una oda a la creación, recrea la musicalidad de sus líneas?

Preludio fue efectivamente el primer poema de La resurrección de los muertos y para mí es un poema muy especial. No podía ir cualquier poema en el lugar de apertura de mi primer libro y elegí ese, que tiene también dosis altas de musicalidad, ironía y sentimentalismo, componentes que están, creo, muy presentes en lo que escribo. En concreto, Preludio es una visión personal e irónica que habla de cómo a veces nos olvidamos por completo de nuestro pasado. Decía Sören Kierkegaard que “La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás”, y a veces, cegados por el éxito y por una idea de progreso no del todo bien entendida, nos olvidamos de nuestros orígenes. Y cuando queremos rectificar, ya es tarde.

El poema Mis fantasmas, en su segundo párrafo nos dice:

  Mis fantasmas ya hace años que volvieron
  Me acompañan en silencio cada noche;
  Aun no sé las intenciones que les mueven.

Algunos entenderían el término fantasmas como la persecución ineludible de nuestros propios yerros. ¿Qué puedes decir al respecto?

La noche es ese momento del día en que muchos evaluamos lo que hemos hecho a lo largo del día y si realmente todo mereció la pena. A veces, en ese momento nos vienen a visitar algunas de nuestras decisiones, y nos preguntamos si acertamos realmente. No sé si habrá alguien a quien no le haya pasado… El miedo y la inseguridad son elementos inherentes al ser humano, desconfío mucho de aquel que no se cuestiona nada. Todos tenemos miedo de algo: de la enfermedad, de la muerte, de cómo vamos a vivir en el futuro, de estar solos, de estar acompañados. Es una historia que habla de esos miedos y de cómo pueden interponerse en nuestros objetivos vitales si no somos capaces de combatirlos.

“La resurrección de los muertos”, define el claroscuro de la vida, tal vez desde el punto de vista del autor.

El libro era una sucesión de historias por las que pasaban distintos personajes y en las que se reflejaban diferentes estados de ánimo, algunos quizás más oscuros que otros, pero siempre vislumbrando un rayo de luz, una esperanza en que todo iba a ir a mejor. De ahí precisamente el título de “La resurrección de los muertos”, que no tenía nada que ver con connotaciones religiosas, aunque hubiera alguna componente, digamos mística, en algunas partes del libro; y aunque el libro contrastara también esa dicotomía existencial que conformaban y conforman vida y muerte. La idea del libro era reflejar a esa gente que lo estaba pasando mal pero que combatían a su vez sus propios fantasmas, precisamente, enfrentándose a sus temores para recuperar las ganas de vivir. Gente que lo había pasado mal, que había sido, podríamos decir, “enterrada en vida”, ya fuese social o económicamente, y que se aferraba a una esperanza, a creer en algo para mirar hacia delante y resucitar para la Sociedad que previamente les había apartado.

¿“Popsía” su segundo libro no es la muestra de afecto del autor hacia la poesía?

Podría ser. Creo que es un libro más luminoso que el anterior, escrito sin urgencias pero desde la necesidad de contar historias nuevas. Quizás con más ironía, con más ganas de jugar con las palabras. Tiene quizás más componentes personales que el primero, incluso más musicalidad. He buscado explorar otros recursos literarios con este segundo libro, pero sin perder de vista que lo que quiero hacer siempre en cada historia es poner el alma y transmitir una serie de sentimientos. Eso es lo primordial; y la estética y la estructura, algo secundario. Importantes, pero secundarias. Cuando escribía “Popsía”, sentía que estaba contando lo que quería con total libertad, y seguramente tenga mucho de afecto hacia la poesía y también hacia la vida, que me ha dado la oportunidad de ver cumplido un sueño como era el de publicar un libro y ser leído por gente que no conocía y que jamás sospechaba que llegaría a conocer.

La madurez de los versos y de las líneas en este segundo libro se ven robustecidas por un tono que adelanta con un perfume digno de un poeta genuino ¿Qué elementos se confabulan para elaborar “Popsía”, y por qué insistir en el sub género poético?

Lo primero, agradecer esas palabras. Siempre digo que lo que uno escribe vale lo que el lector sienta, y lo que consigas transmitirle. “Popsía” viene por la necesidad de contar historias nuevas, historias y situaciones que no había abordado en el poemario anterior y que quería abordar ahora, así como vivencias nuevas que se sucedieron en el período que va entre la publicación de “La resurrección de los muertos” y las primeras versiones de “Popsía”. Los elementos que aparecen reflejados principalmente en este segundo libro diría que son el amor y el desamor… ¡No soy nada original en esto! Pero diría que hay espacio también para el humor, la crítica social e incluso la provocación. Y vuelve a ser un libro de poesía porque quería darle continuidad a lo que he ido haciendo en años anteriores, ya sea en “La resurrección de los muertos” o en cuadernos literarios. Además, me siento cómodo en este género, lo que no quita que tenga en mente probar con otros estilos. Lo he venido haciendo con el relato y a lo mejor en algún momento me animo con la novela.

Muchos de los poemas están trabajados en primera persona, y le confiere a los versos una voz intima ¿Esa fue la intención al escribirlos?

Utilizo muchas veces la primera persona porque quizás me siento más cómodo narrando así. Creo que tiene que ver con la cercanía que antes mencionaba. Narrar en primera persona no tiene nada que ver con que esté hablando de algo personal; de hecho, eso me ayuda a jugar con el lector y que a veces piense que son vivencias propias del autor lo que está leyendo, cuando no lo son. Pero sí, creo que dota a lo que escribo de una voz cálida y sobre todo íntima, que encaja con el tipo de poesía que suelo hacer.

¿Qué imagen pretendes dejarle a tus lectores sobre la poética que manifiestas?

Quiero dejarles la imagen de un tipo que puede haberlo hecho mejor o peor, pero se ha dejado el alma y parte del corazón en lo que ha escrito. Quiero que aquellos que se acercan por primera vez a la poesía a través de mis versos, se queden. Y quiero que el lector pase un rato agradable y que al cerrar “Popsía” lo haga con una sonrisa y pensando, como diría Andrés Montes, que la vida puede ser maravillosa después de todo.

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