Francisco: liderazgo encarnado con veracidad, por Verushka Villavicencio

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Un líder se valida por el respeto de su pueblo. Las designaciones formales le dan legalidad pero la legitimidad se gana con la opinión que respalda su accionar. El Papa Francisco se ha ganado su liderazgo poniendo el dedo en la llaga desde que inició su papado.  En este -su viaje número 22-, acompaña en silencio al pueblo chileno, demostrando dolor y vergüenza ajena, por la conducta de sus hermanos religiosos que violentaron a niños y niñas. Él asume los activos y los pasivos de su comunidad religiosa y al hacerlo busca el máximo grado de bienestar de todas las personas desde una mirada católica. Pide perdón, busca una sana reconciliación y ofrece oraciones marcando el camino para la reparación.

Por su parte, el estado, a través de sus políticas públicas busca también el bienestar del ciudadano. Pero, más allá del discurso estratégico de la gestión pública eficaz, no existe formación que documente cómo los funcionarios y gestores públicos se disponen a servir al otro.

Servir al otro desde la gestión pública implica dejar de ver el trabajo como una obligación o una actividad que se realiza para obtener una compensación económica. Trabajar en programas sociales y en proyectos de desarrollo, por ejemplo, demanda una observación constante hacia la población para evaluar en qué medida se produce los cambios que generan bienestar. Los indicadores para la evaluación son básicamente números que comprenden a cuántas personas se atienden, a cuántas zonas pobres se abastece y cuál es la brecha que se logra acortar en el servicio, entre los principales.

Pero, ¿dónde queda la medición del bienestar subjetivo que se proporciona a los beneficiarios? Sabemos si, “son felices”. Podemos decir que se sienten capaces de enfrentar las situaciones que les rodean, escalando hacia el logro de sus sueños. Estos indicadores subjetivos son los que se revisan en la “teoría del cambio” que busca el bienestar físico, psicológico y social de las personas.

Pero es la experiencia del trabajo con los más pobres y la cancha lograda al haber recorrido durante años los barrios más humildes de Argentina, la savia que lleva al Papa Francisco a reformular la “teoría del cambio” con una perspectiva de fe. El Papa propone que la tarea más sublime es la del “amor al servicio hacia los más pobres”. Bajo esta óptica, un servidor público sería una persona que se ofrece hacia el ciudadano para brindarle bienestar. Si todos los servidores públicos del Estado pensarán que mantener este precepto los confronta a mantener vivos los sueños de justicia e igualdad, entonces la palabra “corrupción” desaparecería del Estado y del accionar de los políticos. Pero además desaparecería del vocabulario universal, pues nadie buscaría su bien individual a costa del bien del prójimo. Francisco busca la verdad y la encuentra en su apostolado de servicio al otro. Nos plantea un apostolado de servicio, no sólo para políticos y servidores públicos sino para todos los seres humanos.

Lo cierto es que el pueblo peruano se prepara a recibir al Papa Francisco con el corazón abierto, dispuesto a escuchar un mensaje que confronte a los políticos, a los servidores públicos, a todos los peruanos. El pueblo peruano clama por un mensaje concertador que coloque el evangelio en la realidad de los niños, niñas, adolescentes, personas con discapacidad, jóvenes, adultos mayores, presos, madres adolescentes, etc. Y son diferentes iniciativas elaboradas por la población que expresa esta necesidad de tener respuestas concretas a la luz del Evangelio. Se ofrecerán a Francisco: una casulla fabricada por los presos del penal de Quencoro del Cusco, un sombrero de chalán que recibirá en Trujillo y la canción de bienvenida del Arzobispado de Lima interpretada en lengua de señas por niños y niñas de Miraflores, entre otras. Todas estas iniciativas representan a los más vulnerables que aguardan un mensaje retador que se ponga en el lugar del otro para caminar juntos y construir una sociedad digna y justa. Abrimos el corazón a la ternura y la veracidad del Papa Francisco, un líder capaz de confrontar e incitar al cambio social.

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