¿Hay persecución política en el Perú?, por Eduardo Herrera

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Cuando alguien me habla de persecución política inmediatamente me viene a la mente la palabra dictadura. No democracia, aunque imperfecta.

En mi concepto, un perseguido político es aquel sujeto a quien se le inventan cargos (es decir los hechos no existen), se le inventan delitos (se crean figuras ad hoc), se le compone un tribunal específicamente para su caso y se le apresa o existe un claro intento de hacerlo. La finalidad es la de desaparecer a un personaje incómodo al régimen.

Claro, seguramente me dirán que mis ideas son desfasadas y que, hoy, la persecución política es más sutil, menos violenta. De acuerdo, puede ser cierto que las formas cambien, pero la finalidad siempre será la misma y la intención -claramente- será vertical, sin ningún mínimo de contradicción real de parte del “perseguido”. Saquen sus conclusiones.

Lo que a mí sí me queda absolutamente en claro es que en el Perú no existen condiciones de un debido proceso. Y eso son dos cosas distintas.

Esta situación se extiende para todos los peruanos (o sea la injusticia hoy sí es democrática). Sucede que hoy los destinatarios, como investigados y/o procesados, son personajes de clase notable y pública, por eso es más palpable el defecto, más visible incluso por televisión. No obstante, todos los peruanos padecemos el gran defecto que es nuestro sistema de administración de Justicia.

Toda esta coyuntura defectuosa es aprovechada, convenientemente, por otros personajes que se mueren en el anonimato. Que aprovechan el embrollo para captar el flash que de otra manera les sería esquivo, so pretexto de aplicar Justicia; en una mala pantomima de un proceso judicial, quieren ser justicieros y terminan siendo ajusticiadores populares.

Lo dije antes y lo re afirmo ahora, qué bueno hubiese sido que todos estos grandes personajes se preocupasen por las condiciones de debido proceso y no esperar a sufrirlo en carne propia. No es justificación, es solo coherencia. Hubiese y hubiera murieron; muy tarde para la preocupación. Ahora les toca a ellos salir. Por eso la Justicia, noble y ciega, debe de hacer su labor sin distinciones.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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