Justicia y neutralidad, por Eduardo Herrera

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Una de las practicas más difíciles en estos tiempos es la neutralidad. Neutralidad -cuando tienes información de varios “bandos”- implica un ejercicio de equilibrio y abstracción. Esto es lo que pasa en el Perú actualmente.

Arriesgándome a la intolerancia de cualquiera de los “bandos”, debo de mencionar algunas cosas, en un esfuerzo de neutralidad.

La Justicia abarca a conceptos como la equidad y por cierto a la neutralidad que en su modo más llano es la imparcialidad de quien la ejecuta. Un juzgador no puede sucumbir a la pasión o a los sentimientos propios, entre otras cosas. Perdería su centro para irse, literalmente, a un lado. Incluso el esfuerzo de ejemplificar con el castigo debe de estar inspirado en la mesura, en el equilibrio y en la misma esencia del sentido de Justicia.

Por ello es que me cuesta creer que la Justicia equivalga a ajusticiamiento ciego y a la cesión de un ejercicio neutral que se postra dictadura de las simpatías o antipatías de la colectividad. La Justicia debe de estar por encima de las pasiones (eso no quiere decir que no se ejerza con pasión). Un sistema de Justicia “canero” no es justo, por más que se diga que en todo cambio radical deben “romperse huevos para hacer buenas tortillas”.

Lo único que logra un sistema ajusticiador es victimizar al agresor (al delincuente). Se ensucia entonces el castigo, se deslegitima.

Y voy al otro lado. En un entorno en donde la información también viene de ambos lados, en donde el juzgamiento (no del sistema) es moneda corriente, resulta que ponderamos al delincuente porque es un “vivazo” y se salió con la suya. Qué buen pillo, nos engañó a todos y nos la hizo una vez más.

Eso tampoco es justo e incluso genera incentivos perversos a la colectividad. Bajo un esquema como ese, ser un pillo descarado otorga réditos. Luego entonces, si él -ese pillo- lo hizo ¿por qué yo no puedo? Matamos al que obra bien, no es rentable, ni conveniente.

La Justicia, aunque neutral, muestra dos caras de una misma moneda y resulta ser, una coyuntura como la propuesta, una clara contradicción de lo que somos como colectivo, como país, de cómo nos miran desde fuera incluso.

En el medio de toda esta vorágine, seguimos esperando miles de personas a un sistema de Justicia que ampare y resuelva todos nuestros problemitas cotidianos, no faranduleros, no mediáticos. Nos perdemos en la ensalada cruel de una reforma que no cambia nada (o no parece hacerlo).

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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