La Corrupción que nos une: De Gonzáles Prada a Nosotros, por Adrian Bazo Cannock

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La columna de hoy tendrá, innegablemente, la presencia de Manuel González Prada. Lamentablemente, desde el Legislativo, hay quienes lo nombraron en el debate de ayer frente a la Cuestión de Confianza. Un nombramiento que debería llenarlos de vergüenza, pues las quejas inmortalizadas de González Prada se mantienen atemporales gracias a las acciones de muchas de las figuras políticas que debatieron ayer.

Fue en su texto “Grau”, escrito en 1885, en donde explicó que el Perú, su pueblo, en ciertas épocas es capaz de personificarse en una sola persona, en ese entonces esa persona no era Prado, ni Piérola, era Miguel Grau, era el Huáscar. Nadie podía ignorar su valentía, y todos, dentro de la tristeza existente, se llenaban de orgullo al escuchar su nombre.

Desde hace dos días nos hemos visto atolondrados con discursos vacíos, palabras carentes de personalidad y gritos ausentes de justicia. El debate nadaba por sobre la superficie y pocos se atrevieron a siquiera querer sentir el fondo, la importancia de luchar contra aquel sujeto con el que hoy los peruanos nos sentimos aludidos. La Corrupción. En algunas épocas nuestra unidad en el imaginario colectivo se causa a razón de verdaderos héroes, de ciudadanos quienes luchan por ideales sin tiempo de caducidad y que permanecerán vivos en nuestras aulas y almas, pero esta no es una de esas. No podemos negar que, en otros momentos, en espacios más actuales, esa persona no es tan persona, aunque respira y camina dentro de muchos, aunque existe sin estar, que vive dentro de nuestros modelos políticos. Hoy nos une, lamentablemente, la corrupción, sin embargo, a muchos, nos une la vergüenza ante esta.

Pero para ello también nos preparó González Prada, especialmente con las palabras vertidas en su discurso: “Los Partidos y la Unión Nacional”, de 1898. En este dijo:

…Vengo a dirigir una palabra de aliento a los pocos hombres que después de muchas tentaciones y de muchos combates, permanecen fieles a nuestra causa. Hablaré de las agrupaciones políticas y sus caudillos, de la última guerra civil y sus consecuencias, de la Unión Nacional y sus deberes en las actuales circunstancias.

Al igual que en aquellos tiempos, muchos partidos políticos son sindicatos de intereses particulares, sociedades mercantiles, agencias de bolsa. Pero no olvidemos que quedan aún hombres y mujeres quienes desean construir un mejor futuro, y queda en nosotros distinguir quienes son. Queda en nosotros la tarea de discernir y comprender nuestra realidad, verla con ojos de ciudadanos, no solo de una capital o de un departamento determinado, ajenos a las demás realidades que existen, sino con pies que se pongan en los zapatos del prójimo. Solo así se comenzarán a generar cambios.

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