La Gran Guerra Comercial, por Francisco Daza

539

La guerra comercial más grande de la historia cuyo desarrollo se intensifica a medida que pasa el tiempo. Un conflicto entre el mayor exportador e importador del mundo que involucra de manera indirecta a cada país. El gobierno estadounidense considera que el déficit comercial que posee es la razón por la cual sus industrias manufactureras y tecnológicas se están deteriorando, y por ende debe tomar las medidas que considere necesarias para evitarlo. Debido a esto, el gobierno chino se ve afectado por las decisiones de su cliente principal; sin embargo, parece no dudar en tomar represalias de las sanciones que se le impongan. Una lucha actualizada entre el proteccionismo y el liberalismo, que definirá el curso de la economía global.

Buy American – Hire American, el propósito del proteccionismo de Trump. Desde que inició su campaña presidencial, ha puesto mayor énfasis en mejorar la competitividad de las industrias norteamericanas e incrementar el consumo de productos nacionales. Por tal motivo, se puede comprender el gran interés del mandatario de reducir el déficit comercial estadounidense ($891.3 mil millones). El año pasado, el déficit comercial entre los EE. UU y China alcanzó la cifra de $ 419 mil millones (aproximadamente 47% del déficit total); sin embargo, este masivo déficit no es necesariamente un problema económico de la gravedad que demarca Trump.

Teóricamente, un déficit comercial ocurre cuando un país falla en cumplir con la demanda de productos de su propio mercado y por ende sus consumidores deberán adquirir productos importados; sin embargo, en la práctica puede significar que los consumidores son capaces de adquirir tanto productos nacionales como importados. Es posible que un país con un gran déficit comercial presenta menores índices de pobreza y desempleo que un país con un alto superávit comercial. Por otro lado, los dólares que se destinan al país exportador posteriormente serán invertidos por aquel país lo cual beneficia al emisor. Un escenario similar al déficit comercial entre los EE. UU y Japón en 1993.

Los consumidores estadounidenses gozan de un mercado caracterizado por la competitividad de precios. Este escenario es posible debido a las cadenas de suministro globales cuya existencia depende del funcionamiento de una economía de libre mercado. Estas cadenas de suministro proporcionan a los consumidores productos de menor costo y son el motivo de la gran cantidad de importaciones que realiza el gobierno norteamericano. Lo que es un problema es que los EE. UU gasta más de lo que produce.

El proteccionismo de Trump expone un discurso populista que diverge la atención del mayor problema de la economía estadounidense. La dependencia de productos extranjeros debe ser controlada y reducida de manera cautelosa; intervenir en las cadenas de suministro globales afecta directamente a sus consumidores. La política económica de Trump está más interesada en disminuir el déficit comercial que omite el gran problema del creciente déficit fiscal ($719 mil millones). A pesar de que el déficit fiscal del 2018 sea más bajo que el déficit fiscal entre los años 2009-2013; es importante analizar la diferencia entre un déficit fiscal en una etapa de recesión y una deuda de esta magnitud en una etapa de crecimiento. Los años continuos de déficit fiscal ha sobrellevado a un sobreendeudamiento a través de bonos del tesoro y una emisión inorgánica.

El proteccionismo de Trump debe justificar la asignación de aranceles y por ello se basa en una ley particular del comercio internacional. La Organización Mundial de Comercio establece que cualquier país es libre de aplicar las medidas que considere necesarias con el fin de proteger sus intereses de seguridad. Bajo el pretexto de una emergencia de seguridad nacional, el gobierno norteamericano tiene la potestad de proceder con el aumento de aranceles sobre cualquier producto y en determinados casos su prohibición. Una medida conveniente en esta guerra comercial, que inició con el aumento de aranceles a las importaciones de acero y aluminio.

Invocar una justificación de “seguridad nacional”, es la herramienta más eficiente del proteccionismo de Trump. Permite que el gobierno estadounidense imponga de manera arbitraria aranceles sobre cualquier producto que considere una amenaza a sus industrias o intereses de seguridad. El uso de este pretexto le brinda una mejor posición de negociación frente a cualquier acuerdo comercial tal como sucede actualmente con la renegociación de NAFTA.  Eventualmente, el objetivo principal de esta medida sería aplicarla en la industria tecnológica.

El pasado 15 de mayo, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva prohibiendo a empresas estadounidenses utilizar equipos de telecomunicaciones de fuentes que el gobierno considera amenazas a la seguridad nacional. El departamento de comercio de los EE. UU incluyó al gigante tecnológico chino, Huawei, en la lista de empresas prohibidas por el estado bajo sospechas de espionaje y robo tecnológico. Una medida que evita de manera definitiva la entrada de la empresa china al mercado norteamericano e intensifica la guerra comercial.

La empresa china procedió con demandar al gobierno estadounidense en un escenario donde las retaliaciones chinas empezaban a denotar. El control de la mayor parte de las cadenas de suministro globales por parte de China le permite acceder a cualquier mercado del mundo. La proyección de Huawei para este año era lanzar equipos de telecomunicaciones de una nueva tecnología denominada 5G al mercado mundial, lo cual volvería a China como el líder de la industria tecnológica. El pretexto de seguridad nacional por parte de los EE. UU logró asegurar su propio mercado; sin embargo, la lucha que tendría con la empresa china no cesaría con el flujo de sus productos en el mercado estadounidense.

Al incluir a Huawei dentro de la lista de empresas prohibidas por el departamento de comercio, las empresas norteamericanas estarían prohibidas de negociar con cualquiera de estas empresas. Por tal motivo, la empresa estadounidense, Google, procedió con remover la licencia del sistema operativo, Android, de Huawei. Esta medida inhabilita temporalmente la proyección de la empresa china y su liderazgo en el mercado internacional, lo cual le brinda un mayor plazo de tiempo a los EE. UU de adelantarse en la carrera tecnológica. Lo más probable es que el gobierno chino desarrolle su propio sistema operativo por lo cual no volvería a depender de Google; no obstante, no sería fácil de realizarlo.

¿Qué implica esta guerra comercial para el Perú?

Al verse afectadas las cadenas de suministro globales, las empresas deberán buscar nuevos mercados con mano de obra barata en los cuales puedan invertir.  Es una oportunidad para nuestro país, en especial para la industria textil. A pesar de que el Perú no sea un país industrializado y no pueda competir directamente con países como: India, Taiwán o Vietnam, esto no significa que cesen las oportunidades de inversión. De realizarse estas inversiones el PBI nacional aumentaría de manera considerable y se debe aprovechar este crecimiento para invertir en infraestructura. Mejorar la infraestructura del país es la clave para sentar las bases de un crecimiento sostenido.

¿Qué puede esperar la población mundial el primero de junio?

Si la historia nos enseña algo sobre el peligro de una guerra comercial, es crucial analizar las consecuencias de la ley Hawley-Smoot de 1930. Esta ley arancelaria agravio la gran depresión y elevó los niveles de desempleo en Norteamérica y Europa. El sueño utópico de Trump de regresar a los EE. UU de los años 50’ no se puede cumplir en un país desindustrializado. Utilizar aranceles y pretextos de “seguridad nacional” para cambiar la economía global solo resulta en repercusiones e implica mayores costos para los consumidores. Tal como afirma Liam Fox, secretario de estado de comercio internacional del Reino Unido, que: “En una guerra comercial, nunca hay ganadores solo víctimas”. 

Lucidez.pe no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.