¿La ineptocracia como regla?, por Alfredo Gildemeister

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Ante lo que estamos viendo y oyendo día a día en nuestro querido Perú – y ojo que no es un fenómeno de hoy sino de varios años atrás- se me vino a la cabeza la tarde pasada, un término que ha vuelto a ponerse hoy de moda en España con motivo de la critica efectuada por lo medios y redes sociales a la política de nombramientos del nuevo presidente Pedro Sánchez. Este término es “ineptocracia”.

Efectivamente, ante la existencia de una gran mediocridad -por no decir incapacidad- que apreciamos a diario en toda una diversidad de gobernantes y funcionarios públicos -electos y no electos-, hoy en día se puede apreciar cada vez más como se critica mucho la escasa preparación de las personas que son designadas para ocupar altos cargos en la administración pública en general. El concepto de “ineptocracia” ha vuelto a cobrar vigencia en la actualidad de muchos países del mundo entero, entre ellos nuestra patria, el Perú. Pero ¿Cuál es el origen de esta palabra que hoy se pone de moda?

El término “ineptocracia” proviene de la unión de los términos “inepto” del latín “ineptus”: No apto ni a propósito para decir algo, necio o incapaz; y del término “cracia” del griego “kratia”, “kratos”, es decir, fuerza; lo cual significa gobierno, dominio o poder. En otras palabras: gobierno de los incapaces. Algunos lo definen como el conjunto de movimientos populares que busca poner en el poder personas que no poseen las cualidades necesarias para poder gobernar a un grupo de manera satisfactoria. El concepto se enfoca básicamente en el bajo rendimiento que presta el representante político, dentro de las reformas sociales y culturales, así como al desconocimiento de las características esenciales de las mismas.

Para otros la ineptocracia consistiría en una nueva forma de gobierno. Como señala el periodista Sherman Calvo de El Mundo: “Ineptocracia es un interesante y nuevo concepto que está circulando en el mundo del internet. Es una realidad política que se vive en muchos países… De acuerdo al DRAE, inepta es una persona no apta para la tarea encomendada, para el propósito perseguido, para la meta confiada, es, en consecuencia, alguien arrojado e incapaz. Calvo señala que la definición de ineptocracia posiblemente fue inspirada por una de las obras de la filósofa Ayn Rand. Efectivamente, en “La Rebelión de Atlas”, la mencionada filósofa y novelista estadounidense/rusa, describe una situación que a muchos les sonará conocida: “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”. Es lo que sucede, por ejemplo, en el caso de Venezuela.

Una de las principales características de los regímenes en donde la ineptocracia impera, es que los gobernantes quieren convertirse en creadores de la patria. Cada nuevo gobierno deshace todo lo hecho por sus predecesores en vez de construir sobre lo que heredó, y se trata de forjar acuerdos nacionales para solucionar los problemas más significativos. Esta característica también se manifiesta de alguna forma en el Perú en donde cada gobernante quiere comenzar de cero y hacerlo todo a su modo. Lo avanzado no cuenta.

Fue el catedrático de Filosofía, académico y escritor francés Jean D’Ormesson el que mejor ha definido la ineptocracia: “Un sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y riqueza de unos productores en número descendente, y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías, que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas personas que sabe que son idiotas”. ¿Les suena familiar? De otro lado, otros consideran importante la obra “Allegro ma non troppo” del italiano Carlo Cipolla, dedicada a la estupidez humana. Cipolla llega a la conclusión de que el colectivo de gente estúpida es el más peligroso el mundo, por encima de las organizaciones mafiosas y las tramas de intereses empresariales.

En todo caso, ¿podríamos definir a nuestros últimos gobiernos como gobiernos en donde la ineptocracia imperó y continúa imperando? Como preguntaría Rand: ¿Advertimos en el Perú de hoy que para producir necesitamos obtener una autorización de quienes no producen nada? ¿Comprobamos hoy en el Perú que el dinero fluye hacia quienes trafican favores? ¿Percibimos hoy en el Perú que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo? ¿Comprobamos cada día que las leyes no lo protegen a uno contra los corruptos, sino que, por el contrario, son los corruptos los que están protegidos contra usted?

Finalmente, podemos preguntarnos con Jean D’Ormesson: ¿Nos encontramos en el Perú ante un sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y riqueza de unos productores en número descendente, todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica absurdas teorías, que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado? Si su respuesta es afirmativa, no quepa duda: la ineptocracia impera en nuestro país. De allí que podríamos concluir como lo hiciera alguna vez el gran Facundo Cabral: “Mi abuelo era un hombre muy valiente, sólo le tenía miedo a los idiotas. Le pregunté: ¿por qué?, y me respondió: porque son muchos, y al ser mayoría eligen hasta al presidente”.

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