La no solución, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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El día de ayer se realizó una tercera marcha pidiendo el cierre del Congreso. El evento se da en el marco de múltiples circunstancias que, justificadamente, han generado fastidio en la ciudadanía, como las amenazas del presidente del Congreso a la prensa, algunos gastos excesivos y una serie de contrataciones irregulares. Frente a esta coyuntura los manifestantes piden el cierre del parlamento como solución a todos los problemas que este acarrea.

Pero la solución propuesta, en realidad, ni siquiera se acerca a serlo. Más allá de lo claramente antidemocrático que resultaría cerrar una institución elegida por la ciudadanía, está el hecho de que cerrar el parlamento solo devendría en la elección de uno nuevo y tendríamos que ser extremadamente cándidos para pensar que este sería diferente al actual. Pensar que el problema político del Perú es única y exclusivamente el Congreso que nos rige y nuestra constitución, es sumamente naif.

Con esto, obviamente, no busco menospreciar todo aquello que se critica del actual parlamento, no obstante, convendría que en la evaluación también se agregue a todos los parlamentos anteriores y se tome en cuenta todas las perlas a las que nuestros Congresistas nos han expuesto a lo largo de los años. Veremos, entonces, que muchos padres de la patria han ido y venido y solo nos queda aceptar, aunque nos duela, que nosotros somos el común denominador en todas nuestras penurias, pues nosotros los ponemos donde están.

Sería interesante que aquellos que postulan el cierre del congreso como remedio a la corrupción y a la mediocridad, expongan qué harían luego de conseguir el cierre. Ciertamente dudo que en sus planes esté la idea de nuevas elecciones ya que con los resultados que arrojan las encuestas lo más probable es que obtengamos más de lo que les disgusta. Algunos han dicho que quieren que esto llegue con una nueva constitución ¿Tienen una estrategia para conseguir los votos necesarios para el plebiscito que permitiría eso? ¿Qué les hace pensar que la ciudadanía no volvería a elegir, como suele ocurrir, a los políticos que hoy motivan la polémica?

Así como la vacuidad de la consigna no ayuda a darle legitimidad a la movilización, tampoco lo hace el hecho de que algunos de los manifestantes hayan visto en la violencia un medio apropiado para sus objetivos. El patrullero que fue incendiado en una de las marchas es una muestra de ello, y actos como este, además, distraen del mensaje que están buscando comunicar. De pronto dejan de ser un grupo de ciudadanos que legítimamente expresan su descontento para pasar a ser vistos como revoltosos.

Todos estamos de acuerdo en que nuestro Congreso es una vergüenza y en que los parlamentarios son una turba de impresentables, especialmente aquellos que están ebrios con el poder que les otorga la mayoría. Pero la verdad es que los peruanos estamos demostrando ser, por un lado, un grupo de votantes bastante torpes y, por otro, personas que no nos mostramos interesados en, de verdad, hacer política democráticamente.

Y es que ahí está la verdadera receta para cambiar el país y sacarnos de encima a los políticos que hoy nos avergüenzan: hay que hacer política. Y hacer política involucra respetar, sin importar lo desafortunados que sean, los designios de la democracia. Si no te gustan los ‘Galarretas’, no votes por él y esmérate en hacer una campaña que derrote a la suya. Nada va a lograr una marchita de jóvenes románticos que gritan e incendian pidiendo que se cierre el Congreso. Hay que formar partidos, encontrar nuevos líderes y hacer que mejore la oferta electoral. Así es como se consiguen cambios.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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