La Piedad – Miguel Ángel, por Adrian Bazo Cannock

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-«El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert, soy yo». Esa fue, en su momento, una de las frases más famosas de Abraham Valdelomar, y, quien sabe, tal vez tenía razón. En otra oportunidad hablaremos de ello. Pero, no podemos pensar que el Perú entero es capaz de agotarse en una sola persona o en un solo lugar. Imposible.

Por eso hoy contaremos uno de esos datos difíciles de creer, como si hubiesen salido de una película, y, que a su vez, nos llenan de orgullo. Pero primero, debemos contar un poco de lo que pasó, para entender como así el Vaticano llegó acá, no para absolvernos de nuestros pecados, sino para encontrar salvación.

El 21 de mayo de 1972, un ciudadano con las mismas capacidades de Miguel Ángel pero a la inversa, decidió tratar de destruir “La Piedad” con, paradójicamente, 12 martillazos – uno de los números más repetidos en la Biblia. Y fue a partir de esa acción que el Perú se volvió protagonista de un acto importantísimo: restaurar esa gran obra de arte. Aunque parezca increíble, esta búsqueda terminó llegando a un pequeño pueblo de nuestro país, en la sierra sur, en Lampa, donde dentro de una pequeña iglesia, con tejas de colores, se encuentran dos copias exactas de “La Piedad” de Miguel Ángel.

En 1960, el Senador Enrique Torres, como quién puede adivinar el futuro, convenció al Papa Juan XXIII de traer a Lima una copia exacta de “La Piedad”, pero debido a que esta era en yeso y pesaba demasiado, se hizo una más en aluminio para poder colgarla en el domo de la iglesia, y aunque fue un requisito destruir la de yeso, esto nunca se hizo.

Así que ya saben, en este país lleno de sorpresas, no se tiene que salir y “cruzar el charco” para ver a Miguel Ángel, basta con ir a Puno – Lampa.

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