La presidencialitis aguda estaría bajo la crisis democrática, por Federico Prieto

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El papa Francisco ha denunciado el 8 de noviembre la forma en que algunos gobiernos tratan de desacreditar a sus críticos a través de campañas “Whisper”, utilizando los medios de comunicación para difamar a cualquier persona que representa una amenaza. Afirmó en su homilía que este tipo de campañas de difamación pueden infectar a las relaciones en las familias y la política global. Aunque el papa argentino no mencionó ninguna nación la homilía tiene en el Perú una aplicación precisa.

El daño causado por el “pecado de murmuración” es particularmente grave en la política “cuando un gobierno no es honesto y trata de echar barro en sus adversarios con susurros, la difamación, la calumnia.” Su homilía nos cae al pelo, porque nuestra frágil democracia sin rumbo puede terminar pareciéndose a  una dictadura, ya que el papa argentino dijo que los gobiernos dictatoriales son conocidos por tomar el control de los medios de comunicación para “disminuir cualquier persona que representa una amenaza.”

En la Santa Sede se anuncia que Francisco dedicará su mensaje anual a la paz, con fecha 1° de enero, a instar a una mayor responsabilidad en la política. Normalmente ese mensaje se hace público antes, el 8 de diciembre. ¿Servirá su lectura para entrever por dónde podemos ir profundizando para salir la crisis del poder judicial, que nos está presentando al mundo como un país sin independencia de poderes, con judicialización de la política y con una notable inoperabilidad tanto del ejecutivo como del parlamento?

No podemos olvidar que, en su visita a nuestra patria, Francisco se extrañó de que en el Perú los jefes de estado sean acusados, procesados y encarcelados, como una muestra de la altura a la que había llegado nuestra corrupción política. No desarrolló el tema porque no le correspondía, pero es un hecho de que en el fondo de la crisis hay una ausencia de responsabilidad, religiosa, moral, ética y social inmensa. Es obvio que el egoísmo individual prima sobre el respeto a la verdad y el apego a la justicia.

Se ha llegado a decir que vivimos una grave enfermedad de presidencialitis aguda, una epidemia extendida por los tres poderes del estado, de tal manera que tanto las defensas como las acusaciones, las investigaciones y las fugas al extranjero, no son otra cosa que una campaña electoral inopinada, ilegal y fuera de contexto, en la que hay tanto víctimas inocentes como manipuladores culpables, en las que no brilla el bien común sino la ambición personal. La democracia está jugando con fuego manchando honras, quitando libertades y anunciando presuntos delitos. Podemos estar llamando a los bomberos para que apaguen los incendios.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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