La razón del No a la Ideología de Género, por Federico Prieto Celi

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La justicia peruana entiende que se debe educar la ideología de género pero la moral cristiana se opone porque entiende que el sexo tiene una razón de ser esencial en la persona humana, que se puede explicar así:

  1. En la masculinidad o femenidad –o femeneidad- de una persona, hasta el punto de que la castración o esterilización significa una disminución sustancial del varón o la mujer, que va a tener negativas consecuencias en su pensar y en su actuar; y mucho menos aún en el intento de cambio de sexo. Masculinidad o femenidad es el conjunto de cualidades que se conocen en el derecho natural y en la bioética, con valores, características y comportamientos específicos biológicos: anatómicos, fisiológicos, psicológicos, etcétera, de un varón o una mujer.
  2. En la unión entre un hombre y una mujer, hasta que la muerte los separe, mediante el sacramento del matrimonio, para quienes están bautizados en la Iglesia católica. La Iglesia contempla la declaración de nulidad de un matrimonio fallido, cuando se ha incumplido uno de los elementos esenciales del matrimonio cristiano. La pareja recibe una gracia especial, gracia de estado, para perseverar en la promesa dada, también con la penitencia y la paciencia, mediante la cual cada uno salvará su alma, para ir al encuentro con Dios.
  3. En el uso de la sexualidad dentro del matrimonio, que permite no solamente incrementar el amor mutuo entre los esposos, sino igualmente engendrar hijas e hijos, que conformen una familia, de tal manera de asegurar la perpetuidad de la especie humana. La familia es la mayor riqueza social. La familia da una razón primordial para vivir y aleja la tentación del suicidio, incluso en situación aparentemente desesperada. La familia es la mayor satisfacción humana, entre otras cosas, porque lleva a Dios mediante la oración. Familia que reza unida permanece unida. Los hijos proyectan al padre y a la madre más allá de la muerte. Los abuelos cumplen una misión esencial en el cariño y educación de los nietos.

La moral cristiana entiende que cualquier otro uso del sexo significa un desorden, que constituye una ofensa a Dios, es decir, un pecado, cuya materia en este caso es normalmente grave, por lo que corta automáticamente la amistad con Dios y, en consecuencia, facilita que la fe se deteriore. El fiel católico, debilitado desde su nacimiento por el pecado original, siente una nueva debilidad, por no haber podido mantener íntegra su pureza y castidad, ya sea soltero o casado. Muchas veces, entonces, en vez de acomodar la conducta a la doctrina torna a acomodar la doctrina a la conducta, y cae en el error y en la desesperanza de la fe en Dios.

El mandamiento nuevo del amor y del prójimo por Dios está por encima de los diez mandamientos de la religión judeo-cristiana, entregada por Dios a Moisés, pero no los elimina sino que los informa con mayor fe, mayor esperanza y mayor caridad. El amor de Dios y el cumplimiento de su voluntad enriquece al hombre y a la mujer; el incumplimiento, en cambio, lo empobrece y le cierra la amistad con Dios, poniendo en grande riesgo su itinerario terreno hacia la casa del Padre.

Los documentos del magisterio católico sobre el matrimonio y la familia son numerosos. Tanto los papas (y el Concilio Vaticano II) como los obispos (e igualmente las conferencias episcopales) han insistido de manera unánime y persistente en la defensa del matrimonio y de la familia que es, como se ha dicho tantas veces, iglesia doméstica; y han rechazado la enseñanza materialista de la ideología de género que ha aprobado la justicia peruana.

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