¿Lenguaje o huachafería inclusiva?, por Alfredo Gildemeister

0 94

Una de las características del lenguaje en la juventud universitaria actual, al menos en el Perú, es su gran falta de vocabulario y sintaxis en su lenguaje escrito y hablado. En esta época de exámenes finales -pues concluye el año académico universitario- constituye todo un reto para un catedrático entender lo que el alumno quiere explicar o exponer. La pobreza de vocabulario y de sintaxis en las oraciones que construye es un problema serio puesto que no se entiende lo que el alumno expresa en un examen o en una exposición.

Ello constituye todo un problema para la comunicación escrita u oral entre los seres humanos. En mi modesta opinión, es uno de los signos de los tiempos actuales. Pero ¿Qué cosa constituye el “signo de los tiempos”? En el lenguaje teológico y como bien señala en su artículo Virginia R. Azcuy: “Los signos de los tiempos son acontecimientos significativos que marcan la historia por su generalización y frecuencia, desencadenan conciencia y conmoción, esperanza y orientación en una época, creando un consenso o asentimiento básico universal –entre creyentes y no-creyentes– frente a las necesidades y las aspiraciones que caracterizan la historia humana.

Son fenómenos históricos extendidos en todo un ciclo de vida colectiva, que captan progresivamente una generación, un pueblo, una cultura o civilización, y adquieren el valor de signos históricos porque impactan e interpelan a la libertad humana dando una señal hacia formas de existencia más justas y más dignas. Los signos de los tiempos no son hechos aislados, sino generalizados; no son historias personales, sino procesos históricos; no son signos naturales o convencionales, sino signos históricos… está encarnado y se manifiesta de forma clara, patente e indiscutible en la realidad histórica” (Centro Teológico Manuel Larraín grupo de investigación “Signos de estos tiempos latinoamericanos”; Azcuy, Virginia: “Signos de los tiempos, signos de estos tiempos latinoamericanos, hacia una definición de trabajo”).

Definitivamente la denominada “era digital” -especie moderno de signo de los tiempos- tiene grandes e increíbles ventajas ¡Qué duda cabe! Pero, sin embargo, también tiene sus desventajas. Una de ellas lo es precisamente, la sutil destrucción del lenguaje escrito y hablado, puesto que la comunicación por medios digitales suele ser muy escueta, breve y concisa. De allí que las personas el chatear o escribir por twitter suelan emplear un mínimo de palabras que rayan en una especie de “minilenguaje” al mejor estilo de un indio Apache o Sioux, como en las películas de Hollywood, cuando dice: Mi querer paz. Hombre blanco malo, matar bravos”.

Este lenguaje de chat, luego se ve trasladado al lenguaje “académico” o universitario con el agregado de ciertos signos y abreviaturas lo cual termina por constituirse en una mezcla de lenguaje jeroglífico con algunas palabras: “T espero -. K no. q n como + x hoy”. Las personas se van mal acostumbrando a expresarse de esa manera, al mejor estilo apache, y ello a lo mejor -sin querer queriendo, como diría el Chavo del 8- se ve traducido en exámenes y trabajos académicos.

De otro lado, de un tiempo a esta parte, la ideología de género, no contenta con crear precisamente toda una ideología en cuanto a la existencia de toda una diversidad de “opciones sexuales”, esto es, ficciones intelectuales en todo el sentido de la palabra para que el que nació hombre o mujer se crea lo que quiera creerse, también se ha introducido en el lenguaje español escrito y hablado.

No es la primera vez que la Real Academia de la Lengua (RAE) se pronuncia al respecto, indicando el modo correcto de expresarse en nuestra lengua española. En esta oportunidad, la RAE ha expresado con toda claridad que “no debemos confundir sexo y género”. En el libro publicado hace relativamente poco denominado: “Libro de estilo de la lengua española” con el subtítulo “según la norma panhispánica”, insiste en su primer capítulo en rechazar el uso del hoy llamado “lenguaje inclusivo”.

Efectivamente, la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) han presentado su primer manual de estilo del idioma español. La obra pretende servir de guía práctica para resolver todas aquellas dudas surgidas de la evolución que en los últimos años han experimentado ciertas cuestiones ortográficas, fonéticas o gramaticales y que hoy en día siguen suscitando confusión o polémica acerca de su uso. El libro hace énfasis en la ortografía propia de la escritura digital, que “no debe abandonar sino acoger todas las normas lingüísticas ya existentes”, declaró en su momento el director honorario de la RAE, Víctor García de la Concha.

De arranque en su primer capítulo, el libro rechaza de manera tajante el uso del llamado “lenguaje inclusivo” y considera innecesarias todas las variables de inclusión del doble género como, por ejemplo: “todos y todas”; o aberraciones lingüísticas como: “todxs”, “todes” o “tod@s”. Se deja claro que el género masculino, “por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos”. De otro lado, y como ya indicáramos, no debe confundirse sexo y género. Lo primero es “una condición orgánica de un ser vivo” mientras que lo segundo “es una propiedad de los sustantivos y de algunos pronombres”.

En consecuencia, el carácter no marcado del masculino hace innecesario el desdoblamiento. En consecuencia, desde un punto de vista lingüístico, no hay razón para pensar que este género gramatical excluye a las mujeres. De allí que “los peruanos” incluye también a “las peruanas” y “les niñes” no se considera válido. Lamentablemente recordemos que, en el Perú, mediante R.M.No.015-2015-MIMP se aprobó la “Guía para el uso del lenguaje inclusivo. Si no me nombras, no existo”, documento que constituye obviamente toda una huachafería y un disparate gramatical.

En resumen, el mensaje de la RAE es claro. Déjense de huachaferías y de escribir o hablar tonterías con aberraciones gramaticales. Debe escribirse y hablarse bien el español. Ya es suficiente como la era digital ha deformado y empobrecido el lenguaje escrito y, por añadidura, el hablado. En nuestro país, más que lenguaje inclusivo, debería denominarse “huachafería inclusiva” ¿O no?…

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.