Libertad en las costas se oyó, ¿qué pasó con los andes y la selva, se nos olvidó?; por Adrian Bazo Cannock

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El gobierno peruano nunca ha estado libre de la política occidental, ya sea de la corriente que proviene de Estados Unidos, o de corrientes políticas europeas. Desde la conquista española de nuestro territorio, se han venido imponiendo formas de gobierno totalmente desconocidas en este lado del mundo. Primero con la organización feudal y colonial. No podemos olvidar que el feudalismo en Perú existió hasta más de mediados del siglo XX. Recién se quiebra cuando entra el general Velasco Alvarado al gobierno. Si se rompió con este sistema de la manera correcta o no, no es situación de debate en este texto, lo único que se expresa es que se rompió, finalmente, con esa forma de organización socio-política. Forma que, a la vez, vivía en una suerte de matrimonio o convivencia con una idea de democracia, nuevamente, extraída de los gobiernos que quedan “al otro lado del charco”.

El Perú no ha tenido nunca un real proceso de construcción socio-política, sino una suerte de imposición de formas políticas con plazos de caducidad. Es una organización que, lamentablemente, está supeditada a lo que suceda fuera de nuestro país. La falta de industrialización, de fomento de la educación, conocimientos culturales y científicos, y capacidad de generar mercados autosuficientes nos hace totalmente vulnerables ante lo que suceda en el exterior. No hay ejemplo más claro que la guerra económica entre Estados Unidos y China, esta ya comenzó a afectarnos.

Pero a lo que quiero llegar con todo esto es a realizar la siguiente inferencia que va, más o menos, así: si nuestro gobierno y forma de organización socio-política está subordinada a lo que las realidades occidentales estén viviendo, entonces la supuesta independencia de nuestro país va a ser solo pasible de ser vista en ciudadanos que estén más cerca a esta occidentalización de la nación. Por la tanto, la “independencia”, la “igualdad ante la norma”, el “Estado Constitucional de Derecho” y demás ideas occidentales que han sido traídas en barcos o aviones al Perú solo son posibles frente a ciudadanos que entiendan ese tipo de organización.

Sin embargo, contrario a lo que dijo Abraham Valdelomar, el Perú no es Lima, y en extensión, el Perú no es la Costa, ni las zonas urbanas de la sierra o la selva. El Perú es todos los rincones a donde, lastimosamente, no llega el Estado. Y, en ese sentido, el Perú nunca va a poder ser un país de todos si no comienza a, por lo menos, localizar las formas de política exterior que aplica en su territorio. A qué me refiero con ello, puede tomar las ideas que vienen de fuera, pero debe de contextualizarlas dentro nuestra realidad, no imponerlas. Sino los “baguazos” y las matanzas de ciudadanos seguirán siendo noticias comunes, y parte del país seguirá siendo un ciudadano invisible.

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