Los abogados de Lima, por Eduardo Herrera Velarde

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El gran Andrés Calderón escribió hace poco un artículo titulado “abogados de papel” en donde hace gentil referencia a mi reciente libro.

A consecuencia de ese artículo, inmediatamente, recibí por correo electrónico un ofrecimiento para integrar una lista para el “Ilustre Colegio de Abogados de Lima” (el entrecomillado es adrede), invitación que, desde luego, decliné porque no conocía siquiera quién era el candidato, ni menos su propuesta.

Debo de confesar que hace unos meses estuve tentando a participar en esa contienda, lanzando una candidatura polémica, por decir una palabra elegante. La propuesta central era, entre otras, buscar de eliminar la colegiatura obligatoria; es decir, intentar que el gremio profesional capte miembros por propio mérito y no por fuerza de una ley (como estamos acostumbrados a hacerlo). Esto pasa por re inventar la institución y convertirla en un gremio atractivo, además de que tenga un rol activo en la reforma del sistema de justicia.

Confieso esto porque viví, en pocas semanas lo que atravesaría un candidato cualquiera. Nadie me quiso financiar. Básicamente el problema se centró en la ausencia de fondos para empujar un cometido semejante, y claro, ¿a quién le interesaría financiar algo así? Quizá esta pregunta, trasladada incluso a elecciones más grandes, sea la que responda a muchos de nuestros problemas actuales. Le interesa financiar -en las circunstancias actuales- una campaña (o varias alternativas inclusive) al que busca recuperar una inversión (por eso tenemos tanto comerciante-político), cuando lo óptimo debería responder a intereses no circunscritos a un negocio especifico en sí (por ejemplo, financiar un candidato que abogue por la liberación del uso de las armas si me encuentro en el rubro de venta de armas y no porque tenga un contrato o negocio pre-pactado con ese candidato en específico). Un espacio gris que es importante advertir.

Sospecho que situaciones como estas son las que llevan a personas como yo a desistir del ingreso a una contienda. En ocasiones en donde exista una buena propuesta y un buen candidato/a (que no era mi caso seguramente), estamos perdiendo oportunidades ¿no?

El punto favorable es que ya se está perdiendo el miedo de hablar de ciertos temas, antes secretos pese a ser conocidos por todos. De la negación absoluta venimos transitando hacia la reflexión y la toma de conciencia individual. Las personas son pasajeras, se trata de la posteridad y de forjar un camino distinto para los que vienen (sin caer en la fatalidad de que los de nuestra generación ya estamos condenados).

Financiamiento de campañas, corrupción, abogados (estudios de abogados), constituyen aspectos que ya dejaron de ser tabú para empezar a discutirse -ojo y no desde el juicio sangriento para obtener cabezas que rueden (que seguramente las habrá)- sino en la plena intención del cambio.

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