¡Mamita, ahí viene Manuel Odria!, por Alejandro Cavero

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Hace algunos días se celebró en el Congreso de la República un concierto de la Orquesta Sinfónica Juvenil de la Municipalidad de Tarma en conmemoración a los 120 años del natalicio del ex presidente Manuel Odria, quien es oriundo de dicha ciudad de Junín. Curiosamente, este homenaje fue promovido por un congresista del izquierdista Frente Amplio cuando, valgan ironías, Odria es recordado como un dictador vinculado a la derecha más conservadora del siglo XX.

El evento, sin duda, generó polémica. El parlamentario Alberto de Belaunde no dudó en presentar una moción de protesta a la presidencia del parlamento por considerar que no se pueden rendir homenaje a quien “encabezó una insurrección militar que cerró el Congreso y puso fin al gobierno democráticamente elegido del presidente José Luis Bustamante y Rivero”.

Ello es verdad, Odría cerró el Congreso en 1948 a través de un Golpe de Estado y luego se hizo elegir presidente en unas elecciones bastante cuestionadas. Pero si siguiéramos este criterio entonces el Congreso de la República no podría tener su plaza principal dedicada al libertador Simón Bolívar, un conocido dictador que además se proclamó “presidente vitalicio” del Perú. O una plaza en memoria de José de San Martín, un conocido monárquico. O calles con nombres en homenaje a ex presidentes como Ramón Castilla, Oscar Benavides, Santa Cruz, Cáceres y tantos otros dictadores de nuestra historia. Y es que a cada cual se le debe juzgar en base a su circunstancia y tiempo histórico.

Bajo ese argumento, es verdad también, se podrían llegar a justificar las atrocidades que cometieron dictadores como Lenin o Fidel Castro solo como un “resultado de su tiempo y circunstancia” y por ello no será el único que esbocemos para defender al ex presidente Odria.

Sin embargo, el tarmeño fue, al mismo tiempo, si bien un actor en un proceso de resquebrajamiento del orden constitucional, un importante actor en democracia. Recordemos que, a diferencia de otros dictadores en la historia, Odría fundó un partido político y participó en elecciones democráticas en las que perdió frente al ex presidente Fernando Belaunde (de quien el abuelo de mi querido amigo Alberto fue ministro de Estado). La Unión Nacional Odríista, incluso, emitió un contundente comunicado de rechazo al Golpe de Estado perpetrado por el General Velasco en 1969 contra el propio Belaunde.

Si bien el parlamento le debe su cierre en el año 1948, también le debe una serie de ilustres representantes electos como el señor Julio de la Piedra, ex presidente del senado y que actualmente figura en la galería a las afueras del salón Raúl Porras Barrenechea. O, mi bisabuelo, Octavio Alva, quien fuese por más de 50 años representante de la república reelegido por Cajamarca y que culminó su carrera política como senador de este departamento por el partido de Odría. Calificar al ex presidente como un dictador a secas sería mezquino. Odría fue un actor, junto a muchos otros demócratas y políticos ilustres, de una etapa importante de nuestra democracia y del Congreso de la República.

Si dijiesemos que el odriismo es solo la dictadura que llevó acabo, no podríamos decir entonces que el fujimorismo es hoy una fuerza integrada a la democracia y que participa de los canales institucionales a pesar de que con anterioridad quebró el orden constitucional.

Odria, además, tuvo importantes logros en materia social, que me constan, por cierto, por provenir de una familia tarmeña. Colegios, hospitales, unidades vecinales y el desarrollo de los primeros barrios a las afueras de Lima son parte del legado de este personaje.

No me parece malo que un parlamentario y una orquesta rindan homenaje a Manuel Odria. Este cerró el parlamento, es cierto, pero también fue un importante actor de su historia y fundó un partido que le dio al Congreso muchos de sus representantes y presidentes democráticamente elegidos. Y es que esa es, en parte, la historia del Perú. Una nación de altos y bajos y cuya historia aún debemos comprender y asimilar a profundidad.