La presidencia furtiva, por Gonzalo Ramírez de la Torre

"El cónclave en Arequipa no ha sido la única ocasión en la que ha actuado a espaldas del país".

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Aquellos que reconocemos la importancia de la minería formal para el desarrollo del país, debemos aceptar que el proyecto Tía María ha sido herido de muerte. Ya fue. Si el presidente Martín Vizcarra –como queda demostrado por los audios recientemente revelados– estuvo dispuesto a coordinar la caída de la licencia de construcción que su propia administración expidió, queda claro que no tendrá interés en hacer que el proyecto salga a flote en el futuro.

La atención ahora debe centrarse en el jefe de Estado y en el comportamiento que cada vez se entiende más como su modus operandi.

Y es que el cónclave en Arequipa, en el que el presidente expuso meridianamente su interés por revertir lo decidido sobre Tía María, no ha sido la única ocasión en la que ha actuado a espaldas del país y de las personas e instituciones de las que debería valerse para gobernar. De hecho, Vizcarra, quizá apremiado por un incompresible deseo de sorprender a propios y extraños, suele esforzarse por actuar y tomar decisiones con cierta furtividad.

Así, por ejemplo, está el caso de su último discurso por Fiestas Patrias, cuyo ‘punch line’ (el pedido de adelanto de elecciones generales) solo llegó a los oídos de su vicepresidenta, Mercedes Aráoz, una vez que lo dijo frente al Congreso y la ciudadanía. Si bien el presidente no estaba obligado a darle detalles sobre su mensaje, cualquier persona con los más mínimos modales democráticos lo hubiese hecho, a fin de cuentas la señora Aráoz ha sido tan elegida como él para el cargo que ostenta…

Si el presidente eligió no decírselo es quizá porque asumió que ella estaría en contra de su propuesta y trataría de disuadirlo. Un trance que, más que ser interpretado como una carga, debió ser visto como una oportunidad para reflexionar sobre la pertinencia de su idea y, quizá, mejorarla. La deliberación, al fin y al cabo, es clave para la democracia.

La consecuencia de la decisión de Vizcarra de ocultar la parte más importante de su discurso de su vicepresidenta es que ha terminado por convertirla en una adversaria que podría hacer peligrar el futuro de su propuesta. Asimismo, enemistarse con Aráoz le abre un flanco de confrontación que no le hace bien a nadie y que ya ha desembocado en la renuncia de la referida congresista y dos de sus colegas a la bancada oficialista.

Otro ejemplo de la furtividad del presidente lo da la periodista Rafaella León en su libro “Vizcarra: Retrato de un poder en construcción”. Según cuenta la autora, a propósito del mensaje de Fiestas Patrias del 2018, Vizcarra no le informó a su Gabinete que pretendía convocar a un referéndum para concretar parte de su reforma política. “El 27 de julio [del 2018] se presentó ante el Gabinete una copia del mensaje a la nación con una nota al pie: ‘sujeto a redacción’. El documento no contenía la palabra referéndum por ningún lado”, dice León. “El 28 de julio, al oír el mensaje de boca del presidente, todos los ministros, a excepción del premier, se enteraron que las reformas se llevarían a cabo a través de referéndum”.

Lo descrito por León en el libro resulta particularmente inquietante si se toma en cuenta que el artículo 118 de la Constitución exige que los discursos del presidente,  pronunciados frente al Congreso, tengan la aprobación del Consejo de Ministros. El “sujeto a redacción”, en este caso, es una viveza que también pone en duda cuánto del último mensaje, en efecto, tuvo el visto bueno del Gabinete.

Tomando estos casos en cuenta ¿qué otras cosas puede estar haciendo el presidente a puertas cerradas y a espaldas del país y de sus adláteres? Seguramente nos enteraremos cuando él juzgue que estamos preparados para otra sorpresa pero, mientras tanto, lo único que logra la furtividad de Vizcarra es corroer nuestra precaria institucionalidad y dejar claro que estamos ante un jefe de Estado impredecible y ensordecido por sus cifras de aprobación.

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