Mentiste, te atrapé, por Eduardo Herrera

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La mentira es tan antigua como la humanidad. Eso no implica que, por eso, sea válida o legitima. Y, desde los orígenes, pasando por todas las vidas, habría que preguntarse si algunos de los hombres (mujeres) que copan este mundo no ha mentido, siquiera alguna vez.

En el país del juzgamiento nos hemos tornado en censores de la ética, pretendiendo tener personas celestiales al frente de nuestra actividad pública.

La mentira tiene efectos legales cuando, por ejemplo, causa perjuicios y conlleva un acto que altera la fe pública. Si hablamos de las virtudes mentir no está permitido.

Es curioso, por ejemplo, el encontrarnos ante un conflicto de situaciones que, a la postre, nos llevan a mentir con algo de sustento. El dilema ético se cifra en que decir la verdad podría resultar peor, en un análisis muy rápido. Así nacen las “mentiras piadosas” o “mentiritas”. La mentira, al parecer, tiene dimensión y trascendencia.

Ojo, omitir la verdad también equivale a mentir. Las explicaciones técnicas -aquellas que necesitan traducción- sirven para un tribunal, no para la evaluación colectiva que suele ser, como vemos, despiadada, iracunda y muchas veces – dueña de un doble estándar dudoso.

Aunque suene feo decirlo, mentir no te hace automáticamente corrupto (si bien la corrupción podría incluir, casi siempre a la mentira). Sugiero centrarnos en la relevancia del dicho presuntamente mentiroso. Lo central, desde mi perspectiva, es poder determinar si el individuo en cuestión tiene como habito la mentira y, por lo tanto, genera pérdida de confianza (sí, como Pedrito el del lobo). Por eso hay una frase que encontré, atribuida al gran Tenesse Williams, que me parece refleja de forma maravillosa el punto que quiero compartir: “lo único peor que un mentiroso, es un mentiroso que también es hipócrita”. Y, en el terreno de la hipocresía, entramos a otro mundo, dicho sea de paso.

Dicho esto, paso a decir, desde mi verdad, que no hay peor prisión que la propia conciencia. Al final de todo, y de la vida seguramente, cada quien es dueño de sus verdades y también de sus mentiras. Juzgue usted.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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