Mitad drama sentimental, mitad trama policial, por Federico Prieto

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Unas serie de televisión turca, mitad drama sentimental, mitad trama policial, exhibe una característica que contrasta con las series del mismo corte del mundo occidental: su capacidad de ofrecer un alto nivel de calidad y, simultáneamente, un elegante tono de pudor y modestia, dos virtudes desaparecidas del cine estadounidense y europeo.

La modestia y el pudor son sentimientos de reserva hacia lo que puede tener de relación con la sexualidad, en el vestido y en la conducta,  por consideración, respeto y decencia en la convivencia humana, dentro de la ética natural. Es un instinto que protege la intimidad. Los cronistas contaban que los conquistadores cuando entraron a la selva amazónica y fueron atacados por los naturales tuvieron que replegarse a los andes tapándose con las manos las vergüenzas.

Ni calatos ni calatas, ni besos en la boca ni escenas en la cama. La modestia y el pudor son las virtudes que protegen y subrayan el valor del amor humano en el noviazgo y en el matrimonio, de tal manera que se pone primero la dignidad por encima del instinto, encaminando las relaciones conyugales al lugar y al momento que corresponden en la vida humana.

La serie turca que comento no ocurre en el paraíso terrenal, porque la presencia de la naturaleza humana caída se advierte en un adulterio que asoma en la prehistoria del relato, con el final que le corresponde; y en la trama policial, que incluye asesinatos, bandas de traficantes de armas, deslealtades y traiciones, mentiras al por mayor, autores intelectuales de crímenes, policías corruptos y sicarios dispuestos a matar por dinero.

Mantener una temporada de cincuenta capítulos de media hora sin que decline el guion y la atención dice mucho de la televisión turca. Merece, por lo menos, estas líneas de aprobación.

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